viernes, 3 de mayo de 2013

METABOLIZACION TERRITORIAL: UN PROBLEMA SIN SOLUCION TECNICA

Vivimos en una sociedad que ha transformado casi por completo la faz de la tierra. La agricultura mundial se soporta en territorios que otrora fueron frondosos bosques. Mas allá de las alarmantes tasas de deforestación de ciertos países - que ocupan la atención de organismos internacionales - el viejo mundo y parte importante de Asia y Norteamérica ya fueron deforestados en procesos devastadores desde el punto de vista ecológico durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Hoy día tales territorios gozan del estatus de paisajes culturales, donde aquella intervención del hombre que alteró, modificó y en algunos casos exterminó el ecosistema preexistente, ha sido enaltecida como un valor para la civilización. No se ha medido la relevancia y magnitud de lo perdido. Las transformaciones antrópicas del territorio a gran escala traen implícitas este germen de perversidad, en algún momento dejan de ser modificaciones dañinas para pasar al estatus de paisajes a conservar.


El paisaje “natural” europeo, que a veces tanto seduce, es un constructo completamente artificial.  Rather en Saxon Switzerland National Park, Germany. Fotografía del autor. 

El caso del valle central de Chile es elocuente, que ha sido deforestado en gran magnitud, generándose un nuevo paisaje agrícola que ha desplazado al original de bosques frondosos. Hoy esos territorios además de ser la fuente de alimentación del país son un paisaje que se vende turísticamente como tal. El bosque, que ocupo esos territorios antes que el hombre, ya ha sido olvidado mientras el proceso de deforestación aún continua expandiendo las fronteras agrícolas y ganaderas.





Área deforestada en la región de Magallanes, Patagonia Chilena. Fotografía del autor. 

La sociedad actual, mientras ignora los efectos agregados que transforman el medio natural a gran escala, se concentra en proteger y gestionar pequeños elementos aislados o componentes ambientales, en un gestión menoscabada del medio natural que soslaya las mayores presiones que se producen como efecto del conjunto de las actividades sobre el territorio, de la sociedad sobre el medio natural y de las sinergias que surgen en ese actuar sistémico, como propiedad emergente que resulta en una pérdida neta de valores ecológicos y la desaparición de ecosistemas completos.
En su conjunto el metabolismo de las sociedades ejerce una presión sinérgica sobre el medio natural que se constituye en la principal amenaza para su protección a largo plazo. El paradigma actual de usos sostenibles, gestión del ambiente y, peor aún, de valoración de los servicios ambientales, no es adecuado para tales objetivos, pues coadyuva con el sistema en la dirección del detrimento ecológico, soslayando el efecto del conjunto. Hasta el momento no existe manera de asegurar una adecuada mantención de los sistemas naturales cuando se inscriben en la esfera metabólica de las sociedades. Quienes intentan validar aquello como posible, realmente están trabajando para aprovechar, utilizar e incorporar al metabolismo social los últimos saldos ecológicos de un territorio que por tales acciones pierde su principal condición: el de ser verdaderamente natural.



Patagonia, todavía quedan lugares verdaderamente naturales, aunque están en franco retroceso. Fotografía del autor. 

Es el dilema del iceberg que deja las relaciones entre sociedad y naturaleza sumergidas en un océano de ignorancia. La sociedad actual es sensible y conciente sólo de aquello que ocurre sobre el nivel de la superficie, al alcance de la percepción: la acumulación de riqueza y excedentes producto del actual sistema económico, en ciudades y sociedades que miden sus grados de éxito en guarismos miopes como el incremento del PIB. También existe conciencia, a veces con gran orgullo, de los denominados problemas ambientales, los que forman parte de la mayoría de las agendas gubernamentales, las agendas verdes. Sin embargo el verdadero marco de estas relaciones es el de la incertidumbre, donde se ignora no sólo la acumulación de efectos antrópicos sobre los compartimientos ambientales, sino también la magnitud de las explotaciones. Aún cuando el nivel de percepción se ha ampliado no es suficiente para dimensionar la magnitud del fenómeno. Mientras los flujos metabólicos permanecen desconocidos.


El dilema del iceberg. Fuente: Inostroza 2011.

Las sociedades anteriores a las actuales sociedades industriales poseían mecanismos para poder percibir sus interacciones con el medio ambiente natural. Las sociedades de cazadores recolectores se veían forzadas a realizar excursiones cada vez mas largas para encontrar alimentos adecuados si cazaban o recolectaban con demasiada eficacia. Estaban en condiciones de entender que había demasiadas bocas que alimentar para un determinado entorno y si era el caso moderaban culturalmente su reproducción. Las sociedades agrícolas por su parte eran capaces de aprender de las consecuencias cuando se explotaban demasiado los suelos o se tenían demasiados animales que alimentar. Sin embargo las sociedades industriales actuales experimentan que las materias primas son cada vez más baratas, que la agricultura produce bienes en exceso y que la población vive cada vez mas y mejor. No dependen del territorio sino se benefician de intercambios remotos y del transporte, manteniendo a su creciente fuerza laboral empleada la mayor parte del tiempo y mitigan las tensiones sociales mediante el crecimiento económico. Esto produce que la mayoría intente imitar los modos de producción y estilo de vida de estas sociedades.



Inlcuso en lugares tan distantes como la Patagonia, en el extremo austral del mundo, se intenta imitar los modos de produccion y de vivir de otras latitutes. Ushuaia. Fotografía del autor. 

Para Ortega y Gasset la técnica y el bienestar son sinónimos que implican la adaptación del medio a la voluntad del sujeto. En términos proporcionales analizando el porcentaje de población mundial que ha alcanzado esta meta, ciertamente es un problema que no tiene solución. Ese deseo del hombre de adaptar el medio a su voluntad para gozar de bienestar no se cumple para la gran mayoría de la población, sólo para algunas pocas sociedades privilegiadas mientras gran parte de la humanidad vive en condiciones precarias. Este contexto genera mucho del debate actual de sostenibilidad y desarrollo humano, la incapacidad hasta hora de modificar ese medio a nuestro antojo. Las modificaciones actuales han resultado más bien derivadas de decisiones tomadas sin mayor conciencia de sus reales consecuencias. 

Un supuesto implícito y casi universal en los análisis publicados en revistas científicas (profesionales y de divulgación) es que los problemas discutidos tienen una solución técnica. Una solución técnica puede definirse como aquella que requiere solo un cambio en las metodologías y técnicas de las ciencias naturales, y demanda poco o ningún cambio en el ámbito de los valores humanos o las ideas morales (Gared Hardin). 

El tema de los límites no es retórico o romántico, como se argumenta algunas veces para justificar los actuales patrones de desarrollo, es un tema científico: 

 Curvas de crecimiento exponencial al infinito sólo en matemáticas. En el mundo físico siempre giran y se saturan o declinan catastróficamente. Es nuestra responsabilidad como hombres pensantes hacer lo mejor hacia una suave saturación en vez de un crecimiento exponencial sostenido, que nos llevará a enfrentar problemas desconocidos y desastrosos (Denis Gabor).

Sin embargo la solución al dilema de los límites no es científica como sus argumentos, es un acuerdo social, que debe surgir de la conciencia sobre la magnitud de nuestras intervenciones y modificaciones sobre la naturaleza, donde se hacen necesarias nuevas formas de mensurar las relaciones que aun permanecen escondidas bajo el nivel de la superficie de las conciencias.

martes, 19 de febrero de 2013

NATURALEZA: LA NECESIDAD DE UN NUEVO PARADIGMA



Existe actualmente una confusión epistemológica en torno a los llamados problemas ambientales donde se mezclan diversidad de temas: contaminación del aire, agua y suelo, pérdida de diversidad biológica, manejo de sustancias tóxicas, pobreza, deforestación, etc.
Sin embargo para un abordaje del tema es necesario distinguir entre aquellos que podríamos denominar problemas ambientales propiamente tales, entre los cuales están todos aquellos efectos derivados de acciones humanas que afectan directamente los ecosistemas antrópicos o hábitat humano, como: contaminación, pobreza, etc. Estas problemáticas poseen hoy día una gran relevancia y han generado conceptos como el de “verdificación del desarrollo”, en una aproximación que entiende el problema básicamente como algo tecnológico, donde en la medida que las formas de interactuar con el medio ambiente sean limpias éste estará a salvo. El leit motiv de esta visión es proteger los ambientes donde vive el hombre. Sin embargo en esta concepción las prioridades de la naturaleza no existen.
En una dimensión distinta están los problemas de la naturaleza, que más que ambientales son problemas de una naturaleza en vías de extinción, que se mide habitualmente como la pérdida neta de diversidad biológica. Sin embargo aquí subyace otra forma de extinción, la territorial, el retroceso de las fronteras de los ecosistemas naturales frente al avance de los antrópicos es también una forma de extinción, donde desaparecen los últimos lugares vírgenes del planeta.
Frente a esta disminución espacial de los ecosistemas naturales existe el consenso de que el hombre es capaz de manejar los ecosistemas naturales. Este es un concepto de manejo originado en la forma europea de ocupación y utilización del territorio, propia de un continente altamente antropizado y donde el concepto de naturaleza tiene un significado distinto que en la Patagonia. Sin embargo pretender manejo del medio natural, que implica control y dirección, es arriesgado frente al escaso conocimiento actual de los procesos ecológicos.
En la Patagonia, donde todavía existen ecosistemas naturales sin la intervención del hombre, cuando aparece el concepto de belleza escénica asociado a la explotación turística, es una invitación subrepticia a la antropización de un ecosistema natural, que encierra en sí misma un germen de alteración y transformación del medio natural. Una forma de valoración social que los incorpora silenciosamente al metabolismo de la sociedad, que los transforma en objetos portadores de valor económico. Tal es sinónimo de extinción, donde existe una pérdida neta de algo irrecuperable, territorios todavía sin intervención del hombre. La conceptualización paisajística del territorio abre la puerta para comenzar la transformación de un espacio que todavía permanece en estado natural, situación que lo expondrá a un estadio final de antropización o sea su extinción como territorio natural.
El concepto de paisaje patagónico ganadero es otra forma de entender el territorio, que no deja espacio físico ni conceptual para entender que aquello era un territorio que albergaba un ecosistema que hoy día esta gravemente alterado y altamente deteriorado por el hombre. Sin embargo la percepción que se tiene de este paisaje es de “valor cultural” (Garcés 2009) el que surge de la agregación de elementos físico-perceptuales naturales y antrópicos: praderas, estancias ganaderas, ovejeros, ovejas, etc., sin distingo entre elementos nativos y elementos alóctonos. El concepto de paisaje ganadero patagónico esconde las graves y profundas alteraciones de lo que fue ecosistema natural, disimulando su paulatino deterioro.
La preservación hace fundamental el detener la gradiente de antropización de los ecosistemas naturales, que comienza con la colonización, continua con la apropiación y en fases avanzadas se transforma en ruralización y cuya expresión final son los ecosistemas urbanos.
Desde tal punto de vista en la Patagonia lo que hay que preservar son aquellas funciones ecológicas básicas que permiten que esos ecosistemas mantengan su funcionamiento natural en el largo plazo. Es decir evitar la antropización del medio natural.
Volviendo a la necesaria separación entre los llamados problemas ambientales y los de la naturaleza, o de deterioro ecológico (Naredo 2004), existe la posibilidad de que el hombre efectivamente sea capaz de superar sus problemas, que pueda llegar a tener control, ya sea a través de la tecnología o controles sociales de otro tipo, sobre los efectos que hoy día afectan el medio ambiente humano. Sin embargo a las tendencias y patrones actuales tanto de crecimiento poblacional como de aumento ingente de las tasas y flujos de materia y energía en los ecosistemas antrópicos, insumos que vienen desde los ecosistemas naturales, instaladas y mantenidas esas tendencias, ese futuro utópico de sociedades con control de sus problemas ambientales será seguramente uno donde la naturaleza como la conocemos hoy no existirá.

lunes, 30 de enero de 2012

NIVELAR PARA ABAJO: EL PENDULO DE LA HISTORIA EN LA CRISIS DEL GAS EN MAGALLANES. A veces la historia parece un péndulo que vuelve rítmicamente a los

mismos extremos.

Hace 100 años Punta Arenas era una de las ciudades más prósperas de Chile. Prosperidad que se cimentó en 3 pilares: inmigración (social), ganadería lanar (atributo geográfico), régimen de puerto libre (económica). Tal conjugación de factores produjo un acelerado e impresionante desarrollo económico y social en apenas 2 décadas, la época de oro de Magallanes, que dejo profundas huellas, entre ellas una esplendida ciudad repleta de magnifica arquitectura que todavía maravilla a sus visitantes.
Sin embargo tanta prosperidad era muy mal vista por la aristocracia santiaguina. Años antes, cuando se definían los limites australes con Argentina, Barros Arana diría de la Patagonia que era una zona inhóspita y despreciable, “un yermo”, un desierto donde no florece nada, definiéndola así en su libro “Elementos de Geografía Física” el cual fue introducido como texto oficial de los liceos de Chile.
Al abrigo de esas y otras abyectas apreciaciones se pone término en 1913 al régimen aduanero especial de Punta Arenas.
Los argumentos que justificaban tal medida son impresionantemente similares a los que se dan hoy día para quitar el subsidio al gas: que la región vive un régimen de privilegios, que la calidad de vida es superior a la del resto del país, que tal situación es discriminatoria con el resto de los habitantes, que es necesario nivelar la situación con la realidad nacional y evitar abusos e incentivar en desarrollo, etc.
Volviendo a la historia de la aduana en Magallanes los beneficios que recibió el Estado con el impuesto fueron mínimos, la recaudación fue tan baja que en poco o nada abultaron las arcas fiscales de la época, tal como ocurre hoy con la recaudación que se recibirá del mayor valor del gas al quitar el subsidio. Sin embargo el efecto de la medida fue tremendo: los impuestos aduaneros fueron la lápida del floreciente comercio regional.
Vista la medida en la perspectiva de la historia mas parece una nivelación para abajo, dejar a la región tan al nivel del resto del país. Una situación de justicia, acabar con la fiesta de una vez por todas. Y lo lograron.
Los efectos no se hicieron esperar. El tráfico marítimo disminuyó drásticamente a niveles mínimos y el comercio general en la ciudad se desplomó rápidamente. El golpe de gracia vendría con la apertura del Canal de Panamá en 1914 y la segunda guerra mundial en 1918. Así Magallanes no debió esperar la crisis del 29 para su miseria pues ésta había comenzado antes con la decidía de las autoridades centralistas. La región se hundió en un letargo por más de 3 décadas, el despoblamiento y la desesperanza hicieron presa del pequeño cuerpo social, las familias afortunadas y los capitales emigraron a Argentina mientras la región se sumergía en una profunda crisis que duró hasta el descubrimiento de petróleo en 1945.
Efectivamente, fueron los hidrocarburos, petróleo y gas, descubiertos en Sprinhill en 1945 los que sacaron a la región de su estancamiento económico en un proceso de reconversión productiva que duro varias décadas. De esta manera surge ENAP en 1950. De esta manera Magallanes se convierte en la única región en Chile productora de hidrocarburos, aportando al desarrollo del país por mas de 50 años. Con recursos naturales provenientes de ese yermo que definía Barros Arana en el siglo XIX.
Se argumenta que la ENAP esta quebrada, sin embargo el subsidio tiene un peso marginal frente al monto del endeudamiento. Que la empresa esta en riesgo, sin embargo tiene participación en 19 empresas nacionales e internacionales, ha tenido utilidades de varios miles de millones de dólares durante los últimos años y además, como empresa, paga impuestos que ascienden al 17% del ejercicio anual. Impuestos que van al mismo Estado, o sea su dueño. Es decir meterse la mano en un bolsillo para ponerlo en el otro.
Esta forma de proceder solo encuentra justificación en la miope mirada neoliberal del desarrollo, esa que no acepta que el Estado tenga participación en el sector productivo, sin importar que se trate de áreas estratégicas para el desarrollo, y que sólo evalúa en función de resultados cortoplacistas y de utilidades.
Las regiones requieren un apoyo sustantivo y decidido del Estado para su desarrollo. Los procesos de desarrollo económico regional poseen inercias que están correlacionadas con sus tamaños. Economías más grandes y robustas como las de la capital resisten de mejor forma los embates producto de cambios en las políticas arancelarias y de subsidios que otras más pequeñas, con menores masas productivas no pueden absorber.
¿Qué aporte al desarrollo regional han tenido entonces las utilidades de ENAP a lo largo de 50 años de explotación? ¿Qué le queda a la región de Magallanes hoy, además de pasivos ambientales y subsidios efímeros? Son preguntas de geopolítica, que además ya están contestadas al otro lado de la frontera, donde el poblamiento argentino ha sido vertiginoso triplicando la población de Magallanes. Y este es un tema central en el desarrollo de esta austral región: Magallanes nace como región en un intento por evitar que dichos territorios fueran reclamados por franceses, ingleses… y luego argentinos.
Se trata de una región que en dos oportunidades en su historia ha tenido posibilidades de desarrollo sin depender del Estado nacional. En ambos casos el centralismo enfermizo de Chile ha asfixiado tales posibilidades en una mirada que no ve con buenos ojos el emprendimiento regional y el esfuerzo con buenos frutos, cuando este ocurre lejos de Santiago y de las cúpulas de poder. Hoy la región esta en su tercera reconversión productiva, desde los hidrocarburos hacia las actividades terciarias lideradas por el turismo. Ojala este golpe al subsidio del principal insumo energético de la economía regional no sea otra pesada lápida para el desarrollo de una región que debe luchar no sólo contra el agresivo clima y geografía, sino mucho mas contra el propio Estado, ese que debería estar al servicio del desarrollo de todo el territorio nacional y no solo preocupado de mantener los enormes privilegios de la clase asentada en la ciudad capital.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Las sociedades se desarrollan con personas

Las sociedades están constituidas por personas, ni por inversiones, ni infraestructuras, como algunos pretenden convencernos y por esta razón el desarrollo de la sociedad se relaciona directamente con el desarrollo de sus gentes. Esta observación tan obvia es constantemente ignorada en las propuestas que nos acosan mediaticamente desde todos los sectores. Todos ofrecen más de lo mismo, empleo, seguridad ciudadana, mejores pensiones, mejor sueldo mínimo y otras tantas promesas repetidas que nos hemos acostumbrado a escuchar. Lamentablemente los problemas sociales, el empleo, seguridad ciudadana, pensiones y sueldos mínimos, no se arreglan de un día para otro ni por arte de magia y por esta razón requieren de un análisis más profundo y comprometido, de largo plazo por cierto.

Para el caso de las regiones, y particularmente las de frontera como Magallanes, esto es todavía más dramático, porque nuestros problemas no son realmente aquellos que aparecen milagrosamente resueltos en los acalorados discursos proselitistas que les gusta tanto mostrar a los noticieros. Esos que aparecen como nuestros problemas son en realidad las consecuencias de nuestros verdaderos problemas, los que hace mucho tiempo no son enfrentados de manera efectiva, y lo que resulta más preocupante, es que no se les da la atención que merecen.

Porque efectivamente las sociedades se desarrollan, esto es logran mejores condiciones de vida, con personas. No con asistencialismo del Estado ni lucro del mercado. O con los modelos de industrialización, de sustitución de importaciones o de polos de desarrollo, todas visiones obsoletas del siglo pasado, discursos oxidados sacados de un baúl polvoriento, incapaces de mirar el futuro enigmático que nos presenta el siglo XXI.

Son las personas los únicos motores de desarrollo que pueden transformar hasta el desierto mas yermo en un vergel. Y no tenemos que mirar tan lejos, si esta región es un notable ejemplo de aquello: Magallanes debe su origen y todo lo bueno que tiene al empuje y tesón de aquellos que llegaron a principios del siglo XX y convirtieron la fría estepa en uno de los espacios sociales más espléndidos del Chile del 1900. Con sus bemoles pero así fue.

Sin embargo y para ser sinceros esta región no fue capaz de capitalizar en el largo plazo aquel florecimiento de principios del siglo XX. Al margen de las causas históricas que nos han afectado desde entonces, es claro que la dimensión de frontera de nuestra región nos configura de una manera diferente al resto del país y en eso estamos todos de acuerdo. Pero lo que resulta insólitamente preocupante es la incapacidad como colectivo social de articular estas especiales características en las que todos estamos de acuerdo en una propuesta concreta de desarrollo, que sea coherente y unitaria, que sea el reflejo de aquello que necesitamos para lograr convertirnos en un mejor espacio social hacia el futuro: una visión conjunta de esta sociedad de frontera que es Magallanes. Por el contrario, nos hemos convertido en una sociedad reaccionaria, que enfrenta los problemas cuando éstos ya se han gatillado o cuando la contingencia los pone en tabla, sin capacidad de anticipación y de propuesta. ¿Qué dicen las propuestas respecto del desarrollo de Magallanes? ¿Cómo convertirán a Magallanes en el nuevo cluster del desarrollo turístico de la Patagonia? ¿Cómo nos debemos relacionar con el medio natural frágil y especial que poseemos, a fin de no matar la gallina de los huevos de oro? ¿Con que capacidad y con qué gente? ¿Con cuanta gente, y de qué perfiles técnico-profesionales? ¿Qué articulaciones entre empresas e Universidades se requiere? ¿Qué cambios paradigmáticos requieren nuestras Universidades regionales para insertarse como engranajes del desarrollo? ¿Qué tipo de educación debemos impartir en los diferentes niveles? ¿Cuánto apoyo del nivel central y cuanto grado de autonomía? ¿Qué estructura institucional e instrumentos de desarrollo y fomento? ¿Con que políticas de poblamiento e inmigración? ¿Con qué Políticas de desarrollo territorial, en una región con el 78% del territorio aún en manos del Estado? ¿Finalmente con que políticas podremos despegar definitivamente de ese letargo que todavía nos cubre como una sombra? Y todavía mas preocupante, ¿De qué forma enfrentaremos el inevitable ciclo de contracción que manifestará nuestro turismo estrella? ¿Con qué diversificación de nuestra base económica?

Es preocupante que no exista una propuesta coherente a nivel regional para enfrentar el futuro y que sigamos anclados al asistencialismo desde el nivel central. Y es todavía más preocupante considerando que efectivamente se viven buenos tiempos. Porque los tiempos de vacas gordas hay que saber capitalizarlos, para cuando lleguen las vacas flacas. De lo contrario estaremos cometiendo los mismos errores del 1900, esos que sumergieron a Magallanes en el letargo, y tendremos que volver a esperar otros 100 o 150 años para tener un momento tan bueno como el que hoy vivimos, para volver a tener la oportunidad histórica de convertir en realidad nuestros sueños de un futuro mejor para nuestros hijos.

Porque la República Independiente de Magallanes necesita dejar de ser solo una evocadora frase acuñada y convertirse en una propuesta concreta hacia el futuro.

viernes, 27 de agosto de 2010

EL OLVIDADO TERRITORIO, LA PRIMERA VARIABLE AMBIENTAL

El medio ambiente ha irrumpido en el tapete mediático de la panóptica civilización occidental fuertemente durante la última década convirtiéndose en un importante protagonista de los noticiarios. Nos hemos acostumbrado a ver al medio ambiente como algo que se está atacando hoy día, y que es necesario “mitigar” de manera urgente y reactiva, saliendo a las calles con pancartas contra termoeléctricas, y otros monstruos que el homo economicus ha concebido.

Normalmente esto ocurre después de que algún noticiero ha puesto el tema sobre la mesa, y por que no decirlo, cuando las demás noticias no dan para mucho. El medio ambiente mediático es quizás uno de los mayores peligros para el medio ambiente real.

Digo esto porque nos hemos acostumbrado a relacionarnos con el medio ambiente de una manera reactiva, bajo la lógica del modelo presión-estado-respuesta (PER). Así, ninguna aparición del medio ambiente en la palestra de la opinión pública lo hace sino bajo el alero de una escandalización de proyectos y/o efectos que ya se encuentran plasmados y materializados en un pobre medio ambiente que entonces urge salvar, limpiar y mitigar.

En Chile las instituciones preocupadas de los “problemas ambientales” – utilizando la jerga del sector - trabajan como oficina de emergencias, con fonos denuncia y vehículos para acudir a las “emergencias ambientales” donde entonces todo el mundo solidariza con el denostado medio ambiente.

Es muy ilustrativo de esta situación lo ocurrido con la Empresa de Celulosa CELCO en Valdivia, Chile hace un tiempo atrás. Me resultaron muy curiosos los calurosos debates de expertos respecto de profundos estudios sobre los RILES (residuos industriales líquidos) vertidos al humedal y si estos tienen o no relación con la contaminación del ecosistema y muerte posterior de los cisnes, estudios largos, acuciosos y costosos para algo obvio: un ecosistema confinado como un humedal no resiste una empresa de celulosa. Y este no es un problema tecnológico, es un tema de sentido común. Pero para entender esta máxima hay que tener una mirada espacial y agregada sobre los patrones de localización de las actividades y su relación con las sensibilidades ambientales. Por el contrario los “expertos” prefieren perderse en discusiones bizantinas midiendo los SOx y NOx, etc. en un onanismo intelectual circular mientras otras empresas siguen pidiendo silenciosamente sus permisos ambientales.

Situación similar ha ocurrido este año con la termoeléctrica en Barrancones (Punta de Choros), problema que finalmente termino “presidencializándose”. Cuando el presidente de la república tiene que atender un tema que por su escala y filiación epistemológica corresponde a los niveles intermedios de la administración pública en un estado de derecho, entonces nos parecemos mas a Haití (sin desmerecer) que a Alemania.

La actual forma de entender nuestra relación con el medio ambiente, con la naturaleza, mediante los llamados “problemas ambientales” encierra el peor de los peligros ya que nos ha impedido poner la atención en la columna vertebral de estos problemas, nos ha cegado a una mirada agregada sobre nuestras sociedades y la macro-relación que establecen con el entorno. Difícilmente podremos entender todas estas supuestas catástrofes ambientales o problemas del medio ambiente sino es bajo una óptica territorial y de largo plazo, necesariamente de la mano de la planificación.
Desde este punto de vista no existe mejor plan de mitigación que una acertada y sensible anticipación sobre el medio ambiente, que sea capaz de orientar el modelo de desarrollo disminuyendo su perversidad intrínseca, más que la preocupación a veces enfermiza y jibarizada en mediciones parciales de componentes ambientales condenados por patrones de desarrollo ya instalados y que difícilmente desde la óptica actual tan reducida encuentren alguna solución.

Pues no cabe ignorar que mientras nuestros pensadores y científicos se entregan a líneas de investigación alocadas y masturbaciones mentales varias, ¡nuestra biosfera está seriamente dañada, y nuestra propia especie corre peligro de extinción a corto plazo. (Riechmann Jorge. Gente que no quiere viajar a Marte, p. 46.)

El desconocimiento de los efectos directos - esos que serian un buen candidato para las noticias - sobre el medio ambiente es parte de nuestra miopía social que nos impide mirar los procesos en el largo plazo, como una manera de acompasar la avasallante utilización que hacemos del territorio con las propiedades ecológicas que han tomado centurias en adoptar la forma y características que hoy vemos.
Sólo mirando sobre los patrones de las actividades en el medio, y comparándolas con las características propias de un medio natural de singulares características, estaremos mirando la batería de problemas ambientales del futuro, y tendremos entonces una mejor oportunidad de corregir las malas decisiones que tomamos hoy día.
Para esto resulta vital recuperar una mirada centrada en el territorio, como objeto de esa planificación de largo plazo que es necesario reformular. Allí donde las evaluaciones de impacto ambiental se pierden en miradas sectoriales y puntuales incapaces de evaluar entre distintas alternativas de localización para los proyectos - situación absurda pues es la localización la primera variable ambiental - poco ayudan a la compresión de aquello necesario de cuidar a fin de encaminarse a una mejor gestión de los espacios naturales y del territorio.

Chile sigue con la asignatura de valoración de su territorio pendiente. Se sigue confiando en un Sistema de Evaluación Ambiental bizarro, con una inconsistencia kafkiana, que termina finalmente en aprobaciones políticas que miden U$ de inversión y generación de empleo y donde la evaluación de alternativas de localización, elemento básico para evaluar impactos, no existe. Hoy se evalúa el proyecto en si mismo, absurdo cuando en realidad si de evaluación se trata hay que tener alternativas, entonces ¿Qué se evalúa? Cuanto más o menos se permite contaminar. Pero el lugar lo eligen los empresarios encerrados en cuatro paredes bajo criterios económicos de corto plazo que nunca nadie ha evaluado en este país. O sea el lobo cuidando las ovejas: se deja la evaluación ambiental más importante en manos del sector privado, porque la localización, esa no la evalúa nadie, el privado presenta su proyecto donde mejor le place y el Estado tiene que hacer su pseudoevaluación en ese lugar le guste o no.

Y como consuelo se sigue confiando en el cumplimiento de la norma: “pero, ¿qué son las normas? Ciertamente no son definiciones científicas acerca de qué niveles de tal o cual sustancia no alteran perjudicialmente el entorno; las normas ambientales son sólo resultados de transacciones políticas relativas entre intereses y como tales revisten la calidad de simples convenciones. Las ambientales son como las normas de Ginebra acerca de la conducta en la guerra: se mata igual, pero se promete no usar balas "Dum Dum" o fósforo blanco.

Se desconocen los patrones de utilización del territorio y su relación con el medio natural y los efectos que a partir de estas relaciones se producirán en el largo plazo, quedando en las tinieblas las tendencias que se instalan. Son interrogantes poco relevantes para el colectivo social.

Por el contrario se requiere dejar atrás la concepción actual del territorio únicamente como recurso y comenzar a considerar la naturaleza desde sus propias necesidades, lo que Leopold llama la tercera ética.

Si no se incluye una óptica territorial ecológica, si a la luz de una nueva concepción no se reformulan los marcos metodológicos y epistemológicos del ordenamiento del territorio, seguiremos cometiendo los mismos errores del pasado, el pensar que tenemos suficiente planeta para todos nuestros caprichos.

Me parece inconcebible que pueda existir una relación ética con la tierra sin amor, respeto y admiración por la tierra, y sin un gran aprecio por su valor. Por valor me refiero, obviamente, a algo mucho más amplio que el mero valor económico; me refiero al valor en el sentido filosófico. (Leopold, La ética de la tierra 1966, página 39).

jueves, 3 de junio de 2010

Fenómeno Urbano y Patrón de Crecimiento

La gran mayoría de los sistemas ecológicos que encontramos en la naturaleza, desde los organismos vivos como nosotros mismos, hasta los ecosistemas, manifiestan en términos metabólicos un desarrollo en fases sucesivas conducentes a estadios de equilibrio dinámico, en el que se mantienen por un cierto tiempo, antes de entrar en fases de decaimiento y muerte. En fases maduras de equilibro dinámico los sistemas naturales mantienen los volúmenes de materia y energía en niveles mas o menos constantes, con fluctuaciones inscritas en rangos específicos que dependerán del sistema de que se trate.

Fuente: Odum 1969. http://habitat.aq.upm.es/boletin/n26/aeodu.html#fnmark-1

La ciudad, muy por el contrario no obedece a este principio ecológico. Si bien puede considerarse que en algunos casos y en algún momento de su desarrollo algunas ciudades mantuvieron sus tamaños con fluctuaciones menores, desde la revolución industrial en todos los casos han experimentado crecimientos explosivos y descontrolados que han puesto en jaque al planeamiento por más de una centuria.
En el escenario post revolución industrial se ha aceptado por regla general que este crecimiento urbano, llamado en la literatura proceso de urbanización, esta acoplado al crecimiento demográfico y se explica con el aumento de la población.

Sin embargo durante las ultimas décadas y particularmente en algunas ciudades europeas con estados avanzados de transición demográfica e incluso despoblamiento, los patrones de crecimiento y expansión urbana siguen siendo persistentes. A la luz de esta evidencia empírica las ciudades no estarían creciendo unicamente acopladas al crecimiento demográfico tal y como se pensaba sino que estarian concurriendo otros factores y dinámicas que el urbanismo actual no ha sido capaz de responder.

Imagen satelital de tierra del Fuego. Fuente NASA.

Dos tipos de patrones de desarrollo y/o crecimiento para el fenómeno urbano:
• Primero hoy día las ciudades manifiestan un comportamiento autopoiético, de perpetuación de ellas mismas por ellas mismas siguiendo la definición de Maturana,
• Este crecimiento o desarrollo es acelerado y discontinuo en el espacio. Nucleado en la ciudad histórica como centro de comando pero esparcido en el territorio.

Desde este punto de vista es posible establecer similitudes con los patrones de crecimiento y desarrollo del cáncer en los tejidos celulares (NAREDO 2004), argumento reforzado por el desacoplamiento entre el crecimiento urbano y el demográfico.

Cáncer. La palabra cáncer deriva del latín, y como la derivada del griego karkinos, significa 'cangrejo'. Se dice que las formas corrientes de cáncer avanzado adoptan una forma abigarrada, con ramificaciones, que se adhieren a todo lo que agarra, con la obstinación y forma similar a la de un cangrejo marino, y de ahí deriva su nombre. Se considera a veces sinónimo de los términos 'neoplasia' y 'tumor'; sin embargo, el cáncer siempre es una neoplasia o tumor maligno. (Wikipedia)
Desde el punto de vista del territorio el crecimiento ilimitado de las ciudades y la expansión del fenómeno urbano a todos los rincones del planeta bajo los diferentes formatos que asume, puede considerarse anómalo, toda vez que su principal síntoma es el cambio en el uso y cobertura del suelo con todos sus impactos asociados: alteración y/o degradación de los ecosistemas, homogenización del territorio, pérdida de hábitats y especies, entre muchas otras patologías espaciales.
Es necesario incluir restricciones al desarrollo urbano, acoplando los patrones de desarrollo de los sistemas urbanos con los de los sistemas naturales. Llevar el sistema urbano a niveles de equilibrio dinámico donde los intercambios de materia y energía se mantengan en determinados rangos y siempre de acuerdo a la disponibilidad LOCAL de recursos.

Imagen satelital Landsat de Ecuador. Fuente NASA.

Si analizamos ahora este nuevo paradigma del desarrollo urbano a la luz de la economía, claramente la meta de “crecimiento” que todos los modelos económicos de los países plantean, es claramente contraproducente. Y es posiblemente ese modelo de crecimiento económico una de las fuerzas subyacentes del crecimiento urbano, al ser la ciudad, desde la revoluciona agrícola, el espacio de acumulación de los excedentes por antonomasia.
Puede que el decrecimiento, desde el punto de vista económico, sea razonablemente necesario como algunos ya plantean. Por un tiempo. Pero el paradigma no solo económico sino de desarrollo urbano que resulta necesario es el de equilibrio dinámico, vale decir la capacidad de alcanzar ese tamaño – tamaño metabólico – óptimo y ser capaz de mantener ese equilibrio en el tiempo, como lo hacen la mayoría de los sistemas naturales de la biosfera. Tal vez esta transición demográfica que recién comienza permita, al despojarnos del apremio de generar más ciudad para más habitantes, alcanzar la estabilización de los sistemas urbanos.