lunes, 31 de marzo de 2014

Funciones urbanas ecosistemicas. El proceso de acumulacion material: la tecnomasa

La expansion urbana es una de las funciones ecosistemicas fundamentales de las ciudades. Todas las ciudades se expanden, algunas como las ciudades latinoamericanas, a velocidades muy altas que pueden llegar a 40 m2/minuto.

Las ciudades latino americanas se expanden a grandes velocidades, superiores a muchos procesos a escala del paisaje. Imagen Landsat (742) ciudad de Buenos Aires.

Esta expansion puede ser entendida de dos formas: como un comportamiento ecosistemico, donde las ciudades al igual que cualquier otro ecosistema, acumulan materia. Es esta materia la que permite que la energia y la informacion fluyan. La segunda forma que deriva de la primera, es metabolica: el proceso de acumulacion material es, tanto en los ecosistemas naturales como en los artificiales (urbanos) un proceso metabolico, donde la materia que se acumula proviene de fuera de los limites del sistema.

Los ecosistemas naturales tambien acumulan materia: biomasa. Este es una de sus caracteristicas fundamentales. El volumen total de materia acumulada explica la cantidad de energia que fluye por el sistema.

Este proceso de acumulacion material ha recibido muy poca, casi nula atencion en los estudios urbanos. Es este paper se describe un nuevo indicador propuesto para medir este proceso de acumulacion material: la tecnomasa. Al igual que en los ecosistemas naturales, la tecnomasa es la sumatoria general de materia acumulada en diferentes compartimientos espaciales. Desde aqui se puede establecer un comportamiento ecosistemico y tambien metabolico de los sistemas urbanos, que permite entenderlos de mejor forma. Finalmente, biomasa y tecnomasa estan en constante competencia por el mismo espacio. Esta es la expresion metabolica del proceso de cambio de cobertura del suelo.
De la misma manera los ecosistemas urbanos acumulan materia: technomasa. Hay una tendencia poderosa a acumular materia verticalmente: en Tokio durante las ultimas dos decadas, 40% de los materiales de construccion que han ingresado a la ciudad se han destinado a estructuras subterraneas. http://www.edsaplan.com/files/media-image/portfolio/dalian-wolong-bay-eco-valley-section-254.jpg

domingo, 16 de febrero de 2014

El planeta del geógrafo (El principito)



Soy geógrafo – dijo el Señor anciano.
- Qué es un geógrafo ?
- Es un sabio que sabe dónde se encuentran los mares, los ríos, las ciudades, las montañas y los desiertos.
- Eso es muy interesante – dijo el principito. – Éste es, por fin, un verdadero oficio !. - Y echó un vistazo a su alrededor sobre el planeta del geógrafo. Nunca había visto un planeta tan majestuoso.
- Su planeta es hermoso. Tiene océanos ?
- No puedo saberlo – dijo el geógrafo.
- Ah! – (El principito estaba decepcionado). – Y montañas ?
- No puedo saberlo – dijo el geógrafo.
- Y ciudades y ríos y desiertos ?
- Tampoco puedo saberlo – dijo el geógrafo.
- Pero usted es geógrafo !
- Exactamente – dijo el geógrafo – pero no soy explorador. Carezco totalmente de exploradores. No es el geógrafo quien va a contar las ciudades, los ríos, las montañas, los mares, los océanos y los desiertos. El geógrafo es demasiado importante para andar paseando. No abandona su escritorio…

Según Naredo la geografía contemporánea renuncio a su gran llamado en la década de los 70. Con el arribo de la teledetección y las imágenes satelitales la geografía por primera vez estuvo en pie de establecer robustas bases cuantitativas y dar luz en términos cuantitativos a la dimensión económica y ecológica de los procesos globales, proveerlos de un sustento espacial dimensionado. Un rol fundamental para un mundo que clama por cambios de paradigma… 

Seguiremos esperando que la generatio aequivoca nos regale una ciencia que permita entender las relaciones sociedad naturaleza desde un punto de vista espacial y cuantitativo. Que permita contrarestar la vision aritmomórfica, miope y a veces despiadada de otras disciplinas que hoy guian al mundo... 


viernes, 3 de mayo de 2013

METABOLIZACION TERRITORIAL: UN PROBLEMA SIN SOLUCION TECNICA

Vivimos en una sociedad que ha transformado casi por completo la faz de la tierra. La agricultura mundial se soporta en territorios que otrora fueron frondosos bosques. Mas allá de las alarmantes tasas de deforestación de ciertos países - que ocupan la atención de organismos internacionales - el viejo mundo y parte importante de Asia y Norteamérica ya fueron deforestados en procesos devastadores desde el punto de vista ecológico durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Hoy día tales territorios gozan del estatus de paisajes culturales, donde aquella intervención del hombre que alteró, modificó y en algunos casos exterminó el ecosistema preexistente, ha sido enaltecida como un valor para la civilización. No se ha medido la relevancia y magnitud de lo perdido. Las transformaciones antrópicas del territorio a gran escala traen implícitas este germen de perversidad, en algún momento dejan de ser modificaciones dañinas para pasar al estatus de paisajes a conservar.


El paisaje “natural” europeo, que a veces tanto seduce, es un constructo completamente artificial.  Rather en Saxon Switzerland National Park, Germany. Fotografía del autor. 

El caso del valle central de Chile es elocuente, que ha sido deforestado en gran magnitud, generándose un nuevo paisaje agrícola que ha desplazado al original de bosques frondosos. Hoy esos territorios además de ser la fuente de alimentación del país son un paisaje que se vende turísticamente como tal. El bosque, que ocupo esos territorios antes que el hombre, ya ha sido olvidado mientras el proceso de deforestación aún continua expandiendo las fronteras agrícolas y ganaderas.





Área deforestada en la región de Magallanes, Patagonia Chilena. Fotografía del autor. 

La sociedad actual, mientras ignora los efectos agregados que transforman el medio natural a gran escala, se concentra en proteger y gestionar pequeños elementos aislados o componentes ambientales, en un gestión menoscabada del medio natural que soslaya las mayores presiones que se producen como efecto del conjunto de las actividades sobre el territorio, de la sociedad sobre el medio natural y de las sinergias que surgen en ese actuar sistémico, como propiedad emergente que resulta en una pérdida neta de valores ecológicos y la desaparición de ecosistemas completos.
En su conjunto el metabolismo de las sociedades ejerce una presión sinérgica sobre el medio natural que se constituye en la principal amenaza para su protección a largo plazo. El paradigma actual de usos sostenibles, gestión del ambiente y, peor aún, de valoración de los servicios ambientales, no es adecuado para tales objetivos, pues coadyuva con el sistema en la dirección del detrimento ecológico, soslayando el efecto del conjunto. Hasta el momento no existe manera de asegurar una adecuada mantención de los sistemas naturales cuando se inscriben en la esfera metabólica de las sociedades. Quienes intentan validar aquello como posible, realmente están trabajando para aprovechar, utilizar e incorporar al metabolismo social los últimos saldos ecológicos de un territorio que por tales acciones pierde su principal condición: el de ser verdaderamente natural.



Patagonia, todavía quedan lugares verdaderamente naturales, aunque están en franco retroceso. Fotografía del autor. 

Es el dilema del iceberg que deja las relaciones entre sociedad y naturaleza sumergidas en un océano de ignorancia. La sociedad actual es sensible y conciente sólo de aquello que ocurre sobre el nivel de la superficie, al alcance de la percepción: la acumulación de riqueza y excedentes producto del actual sistema económico, en ciudades y sociedades que miden sus grados de éxito en guarismos miopes como el incremento del PIB. También existe conciencia, a veces con gran orgullo, de los denominados problemas ambientales, los que forman parte de la mayoría de las agendas gubernamentales, las agendas verdes. Sin embargo el verdadero marco de estas relaciones es el de la incertidumbre, donde se ignora no sólo la acumulación de efectos antrópicos sobre los compartimientos ambientales, sino también la magnitud de las explotaciones. Aún cuando el nivel de percepción se ha ampliado no es suficiente para dimensionar la magnitud del fenómeno. Mientras los flujos metabólicos permanecen desconocidos.


El dilema del iceberg. Fuente: Inostroza 2011.

Las sociedades anteriores a las actuales sociedades industriales poseían mecanismos para poder percibir sus interacciones con el medio ambiente natural. Las sociedades de cazadores recolectores se veían forzadas a realizar excursiones cada vez mas largas para encontrar alimentos adecuados si cazaban o recolectaban con demasiada eficacia. Estaban en condiciones de entender que había demasiadas bocas que alimentar para un determinado entorno y si era el caso moderaban culturalmente su reproducción. Las sociedades agrícolas por su parte eran capaces de aprender de las consecuencias cuando se explotaban demasiado los suelos o se tenían demasiados animales que alimentar. Sin embargo las sociedades industriales actuales experimentan que las materias primas son cada vez más baratas, que la agricultura produce bienes en exceso y que la población vive cada vez mas y mejor. No dependen del territorio sino se benefician de intercambios remotos y del transporte, manteniendo a su creciente fuerza laboral empleada la mayor parte del tiempo y mitigan las tensiones sociales mediante el crecimiento económico. Esto produce que la mayoría intente imitar los modos de producción y estilo de vida de estas sociedades.



Inlcuso en lugares tan distantes como la Patagonia, en el extremo austral del mundo, se intenta imitar los modos de produccion y de vivir de otras latitutes. Ushuaia. Fotografía del autor. 

Para Ortega y Gasset la técnica y el bienestar son sinónimos que implican la adaptación del medio a la voluntad del sujeto. En términos proporcionales analizando el porcentaje de población mundial que ha alcanzado esta meta, ciertamente es un problema que no tiene solución. Ese deseo del hombre de adaptar el medio a su voluntad para gozar de bienestar no se cumple para la gran mayoría de la población, sólo para algunas pocas sociedades privilegiadas mientras gran parte de la humanidad vive en condiciones precarias. Este contexto genera mucho del debate actual de sostenibilidad y desarrollo humano, la incapacidad hasta hora de modificar ese medio a nuestro antojo. Las modificaciones actuales han resultado más bien derivadas de decisiones tomadas sin mayor conciencia de sus reales consecuencias. 

Un supuesto implícito y casi universal en los análisis publicados en revistas científicas (profesionales y de divulgación) es que los problemas discutidos tienen una solución técnica. Una solución técnica puede definirse como aquella que requiere solo un cambio en las metodologías y técnicas de las ciencias naturales, y demanda poco o ningún cambio en el ámbito de los valores humanos o las ideas morales (Gared Hardin). 

El tema de los límites no es retórico o romántico, como se argumenta algunas veces para justificar los actuales patrones de desarrollo, es un tema científico: 

 Curvas de crecimiento exponencial al infinito sólo en matemáticas. En el mundo físico siempre giran y se saturan o declinan catastróficamente. Es nuestra responsabilidad como hombres pensantes hacer lo mejor hacia una suave saturación en vez de un crecimiento exponencial sostenido, que nos llevará a enfrentar problemas desconocidos y desastrosos (Denis Gabor).

Sin embargo la solución al dilema de los límites no es científica como sus argumentos, es un acuerdo social, que debe surgir de la conciencia sobre la magnitud de nuestras intervenciones y modificaciones sobre la naturaleza, donde se hacen necesarias nuevas formas de mensurar las relaciones que aun permanecen escondidas bajo el nivel de la superficie de las conciencias.

martes, 19 de febrero de 2013

NATURALEZA: LA NECESIDAD DE UN NUEVO PARADIGMA



Existe actualmente una confusión epistemológica en torno a los llamados problemas ambientales donde se mezclan diversidad de temas: contaminación del aire, agua y suelo, pérdida de diversidad biológica, manejo de sustancias tóxicas, pobreza, deforestación, etc.
Sin embargo para un abordaje del tema es necesario distinguir entre aquellos que podríamos denominar problemas ambientales propiamente tales, entre los cuales están todos aquellos efectos derivados de acciones humanas que afectan directamente los ecosistemas antrópicos o hábitat humano, como: contaminación, pobreza, etc. Estas problemáticas poseen hoy día una gran relevancia y han generado conceptos como el de “verdificación del desarrollo”, en una aproximación que entiende el problema básicamente como algo tecnológico, donde en la medida que las formas de interactuar con el medio ambiente sean limpias éste estará a salvo. El leit motiv de esta visión es proteger los ambientes donde vive el hombre. Sin embargo en esta concepción las prioridades de la naturaleza no existen.
En una dimensión distinta están los problemas de la naturaleza, que más que ambientales son problemas de una naturaleza en vías de extinción, que se mide habitualmente como la pérdida neta de diversidad biológica. Sin embargo aquí subyace otra forma de extinción, la territorial, el retroceso de las fronteras de los ecosistemas naturales frente al avance de los antrópicos es también una forma de extinción, donde desaparecen los últimos lugares vírgenes del planeta.
Frente a esta disminución espacial de los ecosistemas naturales existe el consenso de que el hombre es capaz de manejar los ecosistemas naturales. Este es un concepto de manejo originado en la forma europea de ocupación y utilización del territorio, propia de un continente altamente antropizado y donde el concepto de naturaleza tiene un significado distinto que en la Patagonia. Sin embargo pretender manejo del medio natural, que implica control y dirección, es arriesgado frente al escaso conocimiento actual de los procesos ecológicos.
En la Patagonia, donde todavía existen ecosistemas naturales sin la intervención del hombre, cuando aparece el concepto de belleza escénica asociado a la explotación turística, es una invitación subrepticia a la antropización de un ecosistema natural, que encierra en sí misma un germen de alteración y transformación del medio natural. Una forma de valoración social que los incorpora silenciosamente al metabolismo de la sociedad, que los transforma en objetos portadores de valor económico. Tal es sinónimo de extinción, donde existe una pérdida neta de algo irrecuperable, territorios todavía sin intervención del hombre. La conceptualización paisajística del territorio abre la puerta para comenzar la transformación de un espacio que todavía permanece en estado natural, situación que lo expondrá a un estadio final de antropización o sea su extinción como territorio natural.
El concepto de paisaje patagónico ganadero es otra forma de entender el territorio, que no deja espacio físico ni conceptual para entender que aquello era un territorio que albergaba un ecosistema que hoy día esta gravemente alterado y altamente deteriorado por el hombre. Sin embargo la percepción que se tiene de este paisaje es de “valor cultural” (Garcés 2009) el que surge de la agregación de elementos físico-perceptuales naturales y antrópicos: praderas, estancias ganaderas, ovejeros, ovejas, etc., sin distingo entre elementos nativos y elementos alóctonos. El concepto de paisaje ganadero patagónico esconde las graves y profundas alteraciones de lo que fue ecosistema natural, disimulando su paulatino deterioro.
La preservación hace fundamental el detener la gradiente de antropización de los ecosistemas naturales, que comienza con la colonización, continua con la apropiación y en fases avanzadas se transforma en ruralización y cuya expresión final son los ecosistemas urbanos.
Desde tal punto de vista en la Patagonia lo que hay que preservar son aquellas funciones ecológicas básicas que permiten que esos ecosistemas mantengan su funcionamiento natural en el largo plazo. Es decir evitar la antropización del medio natural.
Volviendo a la necesaria separación entre los llamados problemas ambientales y los de la naturaleza, o de deterioro ecológico (Naredo 2004), existe la posibilidad de que el hombre efectivamente sea capaz de superar sus problemas, que pueda llegar a tener control, ya sea a través de la tecnología o controles sociales de otro tipo, sobre los efectos que hoy día afectan el medio ambiente humano. Sin embargo a las tendencias y patrones actuales tanto de crecimiento poblacional como de aumento ingente de las tasas y flujos de materia y energía en los ecosistemas antrópicos, insumos que vienen desde los ecosistemas naturales, instaladas y mantenidas esas tendencias, ese futuro utópico de sociedades con control de sus problemas ambientales será seguramente uno donde la naturaleza como la conocemos hoy no existirá.

lunes, 30 de enero de 2012

NIVELAR PARA ABAJO: EL PENDULO DE LA HISTORIA EN LA CRISIS DEL GAS EN MAGALLANES. A veces la historia parece un péndulo que vuelve rítmicamente a los

mismos extremos.

Hace 100 años Punta Arenas era una de las ciudades más prósperas de Chile. Prosperidad que se cimentó en 3 pilares: inmigración (social), ganadería lanar (atributo geográfico), régimen de puerto libre (económica). Tal conjugación de factores produjo un acelerado e impresionante desarrollo económico y social en apenas 2 décadas, la época de oro de Magallanes, que dejo profundas huellas, entre ellas una esplendida ciudad repleta de magnifica arquitectura que todavía maravilla a sus visitantes.
Sin embargo tanta prosperidad era muy mal vista por la aristocracia santiaguina. Años antes, cuando se definían los limites australes con Argentina, Barros Arana diría de la Patagonia que era una zona inhóspita y despreciable, “un yermo”, un desierto donde no florece nada, definiéndola así en su libro “Elementos de Geografía Física” el cual fue introducido como texto oficial de los liceos de Chile.
Al abrigo de esas y otras abyectas apreciaciones se pone término en 1913 al régimen aduanero especial de Punta Arenas.
Los argumentos que justificaban tal medida son impresionantemente similares a los que se dan hoy día para quitar el subsidio al gas: que la región vive un régimen de privilegios, que la calidad de vida es superior a la del resto del país, que tal situación es discriminatoria con el resto de los habitantes, que es necesario nivelar la situación con la realidad nacional y evitar abusos e incentivar en desarrollo, etc.
Volviendo a la historia de la aduana en Magallanes los beneficios que recibió el Estado con el impuesto fueron mínimos, la recaudación fue tan baja que en poco o nada abultaron las arcas fiscales de la época, tal como ocurre hoy con la recaudación que se recibirá del mayor valor del gas al quitar el subsidio. Sin embargo el efecto de la medida fue tremendo: los impuestos aduaneros fueron la lápida del floreciente comercio regional.
Vista la medida en la perspectiva de la historia mas parece una nivelación para abajo, dejar a la región tan al nivel del resto del país. Una situación de justicia, acabar con la fiesta de una vez por todas. Y lo lograron.
Los efectos no se hicieron esperar. El tráfico marítimo disminuyó drásticamente a niveles mínimos y el comercio general en la ciudad se desplomó rápidamente. El golpe de gracia vendría con la apertura del Canal de Panamá en 1914 y la segunda guerra mundial en 1918. Así Magallanes no debió esperar la crisis del 29 para su miseria pues ésta había comenzado antes con la decidía de las autoridades centralistas. La región se hundió en un letargo por más de 3 décadas, el despoblamiento y la desesperanza hicieron presa del pequeño cuerpo social, las familias afortunadas y los capitales emigraron a Argentina mientras la región se sumergía en una profunda crisis que duró hasta el descubrimiento de petróleo en 1945.
Efectivamente, fueron los hidrocarburos, petróleo y gas, descubiertos en Sprinhill en 1945 los que sacaron a la región de su estancamiento económico en un proceso de reconversión productiva que duro varias décadas. De esta manera surge ENAP en 1950. De esta manera Magallanes se convierte en la única región en Chile productora de hidrocarburos, aportando al desarrollo del país por mas de 50 años. Con recursos naturales provenientes de ese yermo que definía Barros Arana en el siglo XIX.
Se argumenta que la ENAP esta quebrada, sin embargo el subsidio tiene un peso marginal frente al monto del endeudamiento. Que la empresa esta en riesgo, sin embargo tiene participación en 19 empresas nacionales e internacionales, ha tenido utilidades de varios miles de millones de dólares durante los últimos años y además, como empresa, paga impuestos que ascienden al 17% del ejercicio anual. Impuestos que van al mismo Estado, o sea su dueño. Es decir meterse la mano en un bolsillo para ponerlo en el otro.
Esta forma de proceder solo encuentra justificación en la miope mirada neoliberal del desarrollo, esa que no acepta que el Estado tenga participación en el sector productivo, sin importar que se trate de áreas estratégicas para el desarrollo, y que sólo evalúa en función de resultados cortoplacistas y de utilidades.
Las regiones requieren un apoyo sustantivo y decidido del Estado para su desarrollo. Los procesos de desarrollo económico regional poseen inercias que están correlacionadas con sus tamaños. Economías más grandes y robustas como las de la capital resisten de mejor forma los embates producto de cambios en las políticas arancelarias y de subsidios que otras más pequeñas, con menores masas productivas no pueden absorber.
¿Qué aporte al desarrollo regional han tenido entonces las utilidades de ENAP a lo largo de 50 años de explotación? ¿Qué le queda a la región de Magallanes hoy, además de pasivos ambientales y subsidios efímeros? Son preguntas de geopolítica, que además ya están contestadas al otro lado de la frontera, donde el poblamiento argentino ha sido vertiginoso triplicando la población de Magallanes. Y este es un tema central en el desarrollo de esta austral región: Magallanes nace como región en un intento por evitar que dichos territorios fueran reclamados por franceses, ingleses… y luego argentinos.
Se trata de una región que en dos oportunidades en su historia ha tenido posibilidades de desarrollo sin depender del Estado nacional. En ambos casos el centralismo enfermizo de Chile ha asfixiado tales posibilidades en una mirada que no ve con buenos ojos el emprendimiento regional y el esfuerzo con buenos frutos, cuando este ocurre lejos de Santiago y de las cúpulas de poder. Hoy la región esta en su tercera reconversión productiva, desde los hidrocarburos hacia las actividades terciarias lideradas por el turismo. Ojala este golpe al subsidio del principal insumo energético de la economía regional no sea otra pesada lápida para el desarrollo de una región que debe luchar no sólo contra el agresivo clima y geografía, sino mucho mas contra el propio Estado, ese que debería estar al servicio del desarrollo de todo el territorio nacional y no solo preocupado de mantener los enormes privilegios de la clase asentada en la ciudad capital.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Las sociedades se desarrollan con personas

Las sociedades están constituidas por personas, ni por inversiones, ni infraestructuras, como algunos pretenden convencernos y por esta razón el desarrollo de la sociedad se relaciona directamente con el desarrollo de sus gentes. Esta observación tan obvia es constantemente ignorada en las propuestas que nos acosan mediaticamente desde todos los sectores. Todos ofrecen más de lo mismo, empleo, seguridad ciudadana, mejores pensiones, mejor sueldo mínimo y otras tantas promesas repetidas que nos hemos acostumbrado a escuchar. Lamentablemente los problemas sociales, el empleo, seguridad ciudadana, pensiones y sueldos mínimos, no se arreglan de un día para otro ni por arte de magia y por esta razón requieren de un análisis más profundo y comprometido, de largo plazo por cierto.

Para el caso de las regiones, y particularmente las de frontera como Magallanes, esto es todavía más dramático, porque nuestros problemas no son realmente aquellos que aparecen milagrosamente resueltos en los acalorados discursos proselitistas que les gusta tanto mostrar a los noticieros. Esos que aparecen como nuestros problemas son en realidad las consecuencias de nuestros verdaderos problemas, los que hace mucho tiempo no son enfrentados de manera efectiva, y lo que resulta más preocupante, es que no se les da la atención que merecen.

Porque efectivamente las sociedades se desarrollan, esto es logran mejores condiciones de vida, con personas. No con asistencialismo del Estado ni lucro del mercado. O con los modelos de industrialización, de sustitución de importaciones o de polos de desarrollo, todas visiones obsoletas del siglo pasado, discursos oxidados sacados de un baúl polvoriento, incapaces de mirar el futuro enigmático que nos presenta el siglo XXI.

Son las personas los únicos motores de desarrollo que pueden transformar hasta el desierto mas yermo en un vergel. Y no tenemos que mirar tan lejos, si esta región es un notable ejemplo de aquello: Magallanes debe su origen y todo lo bueno que tiene al empuje y tesón de aquellos que llegaron a principios del siglo XX y convirtieron la fría estepa en uno de los espacios sociales más espléndidos del Chile del 1900. Con sus bemoles pero así fue.

Sin embargo y para ser sinceros esta región no fue capaz de capitalizar en el largo plazo aquel florecimiento de principios del siglo XX. Al margen de las causas históricas que nos han afectado desde entonces, es claro que la dimensión de frontera de nuestra región nos configura de una manera diferente al resto del país y en eso estamos todos de acuerdo. Pero lo que resulta insólitamente preocupante es la incapacidad como colectivo social de articular estas especiales características en las que todos estamos de acuerdo en una propuesta concreta de desarrollo, que sea coherente y unitaria, que sea el reflejo de aquello que necesitamos para lograr convertirnos en un mejor espacio social hacia el futuro: una visión conjunta de esta sociedad de frontera que es Magallanes. Por el contrario, nos hemos convertido en una sociedad reaccionaria, que enfrenta los problemas cuando éstos ya se han gatillado o cuando la contingencia los pone en tabla, sin capacidad de anticipación y de propuesta. ¿Qué dicen las propuestas respecto del desarrollo de Magallanes? ¿Cómo convertirán a Magallanes en el nuevo cluster del desarrollo turístico de la Patagonia? ¿Cómo nos debemos relacionar con el medio natural frágil y especial que poseemos, a fin de no matar la gallina de los huevos de oro? ¿Con que capacidad y con qué gente? ¿Con cuanta gente, y de qué perfiles técnico-profesionales? ¿Qué articulaciones entre empresas e Universidades se requiere? ¿Qué cambios paradigmáticos requieren nuestras Universidades regionales para insertarse como engranajes del desarrollo? ¿Qué tipo de educación debemos impartir en los diferentes niveles? ¿Cuánto apoyo del nivel central y cuanto grado de autonomía? ¿Qué estructura institucional e instrumentos de desarrollo y fomento? ¿Con que políticas de poblamiento e inmigración? ¿Con qué Políticas de desarrollo territorial, en una región con el 78% del territorio aún en manos del Estado? ¿Finalmente con que políticas podremos despegar definitivamente de ese letargo que todavía nos cubre como una sombra? Y todavía mas preocupante, ¿De qué forma enfrentaremos el inevitable ciclo de contracción que manifestará nuestro turismo estrella? ¿Con qué diversificación de nuestra base económica?

Es preocupante que no exista una propuesta coherente a nivel regional para enfrentar el futuro y que sigamos anclados al asistencialismo desde el nivel central. Y es todavía más preocupante considerando que efectivamente se viven buenos tiempos. Porque los tiempos de vacas gordas hay que saber capitalizarlos, para cuando lleguen las vacas flacas. De lo contrario estaremos cometiendo los mismos errores del 1900, esos que sumergieron a Magallanes en el letargo, y tendremos que volver a esperar otros 100 o 150 años para tener un momento tan bueno como el que hoy vivimos, para volver a tener la oportunidad histórica de convertir en realidad nuestros sueños de un futuro mejor para nuestros hijos.

Porque la República Independiente de Magallanes necesita dejar de ser solo una evocadora frase acuñada y convertirse en una propuesta concreta hacia el futuro.

viernes, 27 de agosto de 2010

EL OLVIDADO TERRITORIO, LA PRIMERA VARIABLE AMBIENTAL

El medio ambiente ha irrumpido en el tapete mediático de la panóptica civilización occidental fuertemente durante la última década convirtiéndose en un importante protagonista de los noticiarios. Nos hemos acostumbrado a ver al medio ambiente como algo que se está atacando hoy día, y que es necesario “mitigar” de manera urgente y reactiva, saliendo a las calles con pancartas contra termoeléctricas, y otros monstruos que el homo economicus ha concebido.

Normalmente esto ocurre después de que algún noticiero ha puesto el tema sobre la mesa, y por que no decirlo, cuando las demás noticias no dan para mucho. El medio ambiente mediático es quizás uno de los mayores peligros para el medio ambiente real.

Digo esto porque nos hemos acostumbrado a relacionarnos con el medio ambiente de una manera reactiva, bajo la lógica del modelo presión-estado-respuesta (PER). Así, ninguna aparición del medio ambiente en la palestra de la opinión pública lo hace sino bajo el alero de una escandalización de proyectos y/o efectos que ya se encuentran plasmados y materializados en un pobre medio ambiente que entonces urge salvar, limpiar y mitigar.

En Chile las instituciones preocupadas de los “problemas ambientales” – utilizando la jerga del sector - trabajan como oficina de emergencias, con fonos denuncia y vehículos para acudir a las “emergencias ambientales” donde entonces todo el mundo solidariza con el denostado medio ambiente.

Es muy ilustrativo de esta situación lo ocurrido con la Empresa de Celulosa CELCO en Valdivia, Chile hace un tiempo atrás. Me resultaron muy curiosos los calurosos debates de expertos respecto de profundos estudios sobre los RILES (residuos industriales líquidos) vertidos al humedal y si estos tienen o no relación con la contaminación del ecosistema y muerte posterior de los cisnes, estudios largos, acuciosos y costosos para algo obvio: un ecosistema confinado como un humedal no resiste una empresa de celulosa. Y este no es un problema tecnológico, es un tema de sentido común. Pero para entender esta máxima hay que tener una mirada espacial y agregada sobre los patrones de localización de las actividades y su relación con las sensibilidades ambientales. Por el contrario los “expertos” prefieren perderse en discusiones bizantinas midiendo los SOx y NOx, etc. en un onanismo intelectual circular mientras otras empresas siguen pidiendo silenciosamente sus permisos ambientales.

Situación similar ha ocurrido este año con la termoeléctrica en Barrancones (Punta de Choros), problema que finalmente termino “presidencializándose”. Cuando el presidente de la república tiene que atender un tema que por su escala y filiación epistemológica corresponde a los niveles intermedios de la administración pública en un estado de derecho, entonces nos parecemos mas a Haití (sin desmerecer) que a Alemania.

La actual forma de entender nuestra relación con el medio ambiente, con la naturaleza, mediante los llamados “problemas ambientales” encierra el peor de los peligros ya que nos ha impedido poner la atención en la columna vertebral de estos problemas, nos ha cegado a una mirada agregada sobre nuestras sociedades y la macro-relación que establecen con el entorno. Difícilmente podremos entender todas estas supuestas catástrofes ambientales o problemas del medio ambiente sino es bajo una óptica territorial y de largo plazo, necesariamente de la mano de la planificación.
Desde este punto de vista no existe mejor plan de mitigación que una acertada y sensible anticipación sobre el medio ambiente, que sea capaz de orientar el modelo de desarrollo disminuyendo su perversidad intrínseca, más que la preocupación a veces enfermiza y jibarizada en mediciones parciales de componentes ambientales condenados por patrones de desarrollo ya instalados y que difícilmente desde la óptica actual tan reducida encuentren alguna solución.

Pues no cabe ignorar que mientras nuestros pensadores y científicos se entregan a líneas de investigación alocadas y masturbaciones mentales varias, ¡nuestra biosfera está seriamente dañada, y nuestra propia especie corre peligro de extinción a corto plazo. (Riechmann Jorge. Gente que no quiere viajar a Marte, p. 46.)

El desconocimiento de los efectos directos - esos que serian un buen candidato para las noticias - sobre el medio ambiente es parte de nuestra miopía social que nos impide mirar los procesos en el largo plazo, como una manera de acompasar la avasallante utilización que hacemos del territorio con las propiedades ecológicas que han tomado centurias en adoptar la forma y características que hoy vemos.
Sólo mirando sobre los patrones de las actividades en el medio, y comparándolas con las características propias de un medio natural de singulares características, estaremos mirando la batería de problemas ambientales del futuro, y tendremos entonces una mejor oportunidad de corregir las malas decisiones que tomamos hoy día.
Para esto resulta vital recuperar una mirada centrada en el territorio, como objeto de esa planificación de largo plazo que es necesario reformular. Allí donde las evaluaciones de impacto ambiental se pierden en miradas sectoriales y puntuales incapaces de evaluar entre distintas alternativas de localización para los proyectos - situación absurda pues es la localización la primera variable ambiental - poco ayudan a la compresión de aquello necesario de cuidar a fin de encaminarse a una mejor gestión de los espacios naturales y del territorio.

Chile sigue con la asignatura de valoración de su territorio pendiente. Se sigue confiando en un Sistema de Evaluación Ambiental bizarro, con una inconsistencia kafkiana, que termina finalmente en aprobaciones políticas que miden U$ de inversión y generación de empleo y donde la evaluación de alternativas de localización, elemento básico para evaluar impactos, no existe. Hoy se evalúa el proyecto en si mismo, absurdo cuando en realidad si de evaluación se trata hay que tener alternativas, entonces ¿Qué se evalúa? Cuanto más o menos se permite contaminar. Pero el lugar lo eligen los empresarios encerrados en cuatro paredes bajo criterios económicos de corto plazo que nunca nadie ha evaluado en este país. O sea el lobo cuidando las ovejas: se deja la evaluación ambiental más importante en manos del sector privado, porque la localización, esa no la evalúa nadie, el privado presenta su proyecto donde mejor le place y el Estado tiene que hacer su pseudoevaluación en ese lugar le guste o no.

Y como consuelo se sigue confiando en el cumplimiento de la norma: “pero, ¿qué son las normas? Ciertamente no son definiciones científicas acerca de qué niveles de tal o cual sustancia no alteran perjudicialmente el entorno; las normas ambientales son sólo resultados de transacciones políticas relativas entre intereses y como tales revisten la calidad de simples convenciones. Las ambientales son como las normas de Ginebra acerca de la conducta en la guerra: se mata igual, pero se promete no usar balas "Dum Dum" o fósforo blanco.

Se desconocen los patrones de utilización del territorio y su relación con el medio natural y los efectos que a partir de estas relaciones se producirán en el largo plazo, quedando en las tinieblas las tendencias que se instalan. Son interrogantes poco relevantes para el colectivo social.

Por el contrario se requiere dejar atrás la concepción actual del territorio únicamente como recurso y comenzar a considerar la naturaleza desde sus propias necesidades, lo que Leopold llama la tercera ética.

Si no se incluye una óptica territorial ecológica, si a la luz de una nueva concepción no se reformulan los marcos metodológicos y epistemológicos del ordenamiento del territorio, seguiremos cometiendo los mismos errores del pasado, el pensar que tenemos suficiente planeta para todos nuestros caprichos.

Me parece inconcebible que pueda existir una relación ética con la tierra sin amor, respeto y admiración por la tierra, y sin un gran aprecio por su valor. Por valor me refiero, obviamente, a algo mucho más amplio que el mero valor económico; me refiero al valor en el sentido filosófico. (Leopold, La ética de la tierra 1966, página 39).

jueves, 3 de junio de 2010

Fenómeno Urbano y Patrón de Crecimiento

La gran mayoría de los sistemas ecológicos que encontramos en la naturaleza, desde los organismos vivos como nosotros mismos, hasta los ecosistemas, manifiestan en términos metabólicos un desarrollo en fases sucesivas conducentes a estadios de equilibrio dinámico, en el que se mantienen por un cierto tiempo, antes de entrar en fases de decaimiento y muerte. En fases maduras de equilibro dinámico los sistemas naturales mantienen los volúmenes de materia y energía en niveles mas o menos constantes, con fluctuaciones inscritas en rangos específicos que dependerán del sistema de que se trate.

Fuente: Odum 1969. http://habitat.aq.upm.es/boletin/n26/aeodu.html#fnmark-1

La ciudad, muy por el contrario no obedece a este principio ecológico. Si bien puede considerarse que en algunos casos y en algún momento de su desarrollo algunas ciudades mantuvieron sus tamaños con fluctuaciones menores, desde la revolución industrial en todos los casos han experimentado crecimientos explosivos y descontrolados que han puesto en jaque al planeamiento por más de una centuria.
En el escenario post revolución industrial se ha aceptado por regla general que este crecimiento urbano, llamado en la literatura proceso de urbanización, esta acoplado al crecimiento demográfico y se explica con el aumento de la población.

Sin embargo durante las ultimas décadas y particularmente en algunas ciudades europeas con estados avanzados de transición demográfica e incluso despoblamiento, los patrones de crecimiento y expansión urbana siguen siendo persistentes. A la luz de esta evidencia empírica las ciudades no estarían creciendo unicamente acopladas al crecimiento demográfico tal y como se pensaba sino que estarian concurriendo otros factores y dinámicas que el urbanismo actual no ha sido capaz de responder.

Imagen satelital de tierra del Fuego. Fuente NASA.

Dos tipos de patrones de desarrollo y/o crecimiento para el fenómeno urbano:
• Primero hoy día las ciudades manifiestan un comportamiento autopoiético, de perpetuación de ellas mismas por ellas mismas siguiendo la definición de Maturana,
• Este crecimiento o desarrollo es acelerado y discontinuo en el espacio. Nucleado en la ciudad histórica como centro de comando pero esparcido en el territorio.

Desde este punto de vista es posible establecer similitudes con los patrones de crecimiento y desarrollo del cáncer en los tejidos celulares (NAREDO 2004), argumento reforzado por el desacoplamiento entre el crecimiento urbano y el demográfico.

Cáncer. La palabra cáncer deriva del latín, y como la derivada del griego karkinos, significa 'cangrejo'. Se dice que las formas corrientes de cáncer avanzado adoptan una forma abigarrada, con ramificaciones, que se adhieren a todo lo que agarra, con la obstinación y forma similar a la de un cangrejo marino, y de ahí deriva su nombre. Se considera a veces sinónimo de los términos 'neoplasia' y 'tumor'; sin embargo, el cáncer siempre es una neoplasia o tumor maligno. (Wikipedia)
Desde el punto de vista del territorio el crecimiento ilimitado de las ciudades y la expansión del fenómeno urbano a todos los rincones del planeta bajo los diferentes formatos que asume, puede considerarse anómalo, toda vez que su principal síntoma es el cambio en el uso y cobertura del suelo con todos sus impactos asociados: alteración y/o degradación de los ecosistemas, homogenización del territorio, pérdida de hábitats y especies, entre muchas otras patologías espaciales.
Es necesario incluir restricciones al desarrollo urbano, acoplando los patrones de desarrollo de los sistemas urbanos con los de los sistemas naturales. Llevar el sistema urbano a niveles de equilibrio dinámico donde los intercambios de materia y energía se mantengan en determinados rangos y siempre de acuerdo a la disponibilidad LOCAL de recursos.

Imagen satelital Landsat de Ecuador. Fuente NASA.

Si analizamos ahora este nuevo paradigma del desarrollo urbano a la luz de la economía, claramente la meta de “crecimiento” que todos los modelos económicos de los países plantean, es claramente contraproducente. Y es posiblemente ese modelo de crecimiento económico una de las fuerzas subyacentes del crecimiento urbano, al ser la ciudad, desde la revoluciona agrícola, el espacio de acumulación de los excedentes por antonomasia.
Puede que el decrecimiento, desde el punto de vista económico, sea razonablemente necesario como algunos ya plantean. Por un tiempo. Pero el paradigma no solo económico sino de desarrollo urbano que resulta necesario es el de equilibrio dinámico, vale decir la capacidad de alcanzar ese tamaño – tamaño metabólico – óptimo y ser capaz de mantener ese equilibrio en el tiempo, como lo hacen la mayoría de los sistemas naturales de la biosfera. Tal vez esta transición demográfica que recién comienza permita, al despojarnos del apremio de generar más ciudad para más habitantes, alcanzar la estabilización de los sistemas urbanos.

jueves, 8 de enero de 2009

EL URBANISMO COMO CIENCIA

"salvo contadas excepciones, el arquitecto más prestigioso, por competente que sea en la concepción de edificios aislados, se revela tan poco experto en materia de ordenación urbana (town planning) como las autoridades municipales"
Patrick Geddes. Cities in Evolution.


El Urbanismo es ciertamente una ciencia. Y tiene como propósito el estudio del fenómeno urbano, mismo que por cierto trasciende las fronteras de la ciudad aun cuando puede tener en esta manifestación fenomenológica el centro de su atención.
Sin embargo como ciencia esta recién en sus albores, en un grado de desarrollo muy básico similar al de la Física antes de las Leyes Universales de Newton o de la Química antes de la conservación de la masa y energía de Lavoasier.
Nos encontramos en los albores del desarrollo del Urbanismo, quienes nos desempeñamos en este campo mas bien somos pre-urbanistas – o probablemente así se nos llame en 100 años mas – por cuanto trabajamos en la oscuridad, sin un marco epistemológico que nos unifique y nos cobije en un proceso de desarrollo propiamente científico como otras disciplinas. Los urbanistas aun no poseemos el marco teórico de leyes del Urbanismo que nos permitan entendernos como científicos, compartir un lenguaje común o un núcleo teórico básico que unifique nuestro quehacer. Incluso a muchos podrá sorprender el hecho de pensar que un urbanista es un científico. Por el contrario en países como el nuestro alejados de los centros generadores de conocimiento, se tiende a relacionar el Urbanismo con campos disciplinares propios de ciertas profesiones, algunos creen que es un arte, o que tiene que ver con la arquitectura o con el paisajismo. Algunos piensan que diseñar plazas es Urbanismo. La verdad es que el Urbanismo se relaciona poco o nada con cualquier tipo de proyecto.
Esto ocurre producto de un escenario confuso, nebuloso, donde no hay claridad conceptual, donde se confunden los términos, donde unos piensan que es un arte y otros están convencidos que es arquitectura un poco mas grande y con algo de espacio público de por medio y entonces, en este país, ser urbanista es diseñar parques y áreas verdes para grandes infraestructuras.
Además del errático proceso formativo de las Universidades, donde a pesar de que algunas profesiones intentan apropiarse de esta disciplina, ya desde los nombres de ciertas facultades, en la realidad no han sido capaces de entregar las herramientas básicas para el desempeño de un Urbanista, al menos en lo que se refiere al pensar y actuar como científico. Y si efectivamente existen algunos Urbanistas en nuestro país es sólo después de un largísimo derrotero de formación de postgrado y ejercicio profesional, en muchos casos ni siquiera parecido a lo recibido durante el pregrado. Hoy día en este país un Urbanista se hace sólo pues no tiene espacio en la Universidad; como científico, no como profesional del desarrollo urbano que es otra cosa.
Por que si existe entonces una diferencia ente el urbanista entendido como científico y el profesional del desarrollo urbano es que el primero es el llamado a “pensar” en el fenómeno urbano, a generar nuevo conocimiento urbanístico, a estudiar con rigurosidad científica ese complejo sistema que denominamos ciudad. Finalmente a investigar no a proyectar.
No obstante a pesar de estar en una fase inicial, este cúmulo epistemológico primigenio comienza a mostrar algunos patrones, lugares comunes que permiten vislumbrar algunos futuros posibles.


Percepcion Remota. Imagen Landsat falso color de la Peninsula de Brunswyck, Patagonia.


Quizás el primero y más importante sea el matrimonio entre Urbanismo y Percepción Remota-SIG. Efectivamente hoy resulta impensable un trabajo urbanístico propiamente tal sin la utilización de estas herramientas y metodologías, esto a pesar de que todavía existen dinosaurios a plumón que intentan estudiar la ciudad con bonitos trazos de colores, por supuesto más relacionados al ámbito de ciertas profesiones y no al Urbanismo como tal.
La inmensa complejidad de la ciudad como sistema hace indispensable la utilización de tecnologías de punta para su mejor estudio. Donde los urbanistas no gozamos de laboratorios para estudiar concienzudamente los procesos urbanos existe la plataforma de modelación espacial que ofrecen los SIG y la percepción remota, que permiten la utilización de metodologías comunes con fuerte base cuantitativa, geo-estadística, con la cual analizar el fenómeno urbano, sobre la base de modelos espaciales y econométricos que corren sobre mapas enlazados a bases de datos permitiendo de esta forma modelar, analizar, diagnosticar la altamente compleja realidad urbana. El Urbanismo tiene en la percepción remota-SIG su primer paradigma.
De hecho unos de los saltos metodológicos más importantes que permiten estas tecnologías es el estudio riguroso y sistemático de aspectos concretos con base cuantitativa. La percepción remota permite el estudio del fenómeno urbano a través de elementos discretos cuantificables y por tanto la generación de patrones y la construcción de modelos espaciales que permiten entender la realidad urbana de una manera científica. Cuantificar, dimensionar, medir, el fenómeno urbano. En algunos casos esto permitirá la construcción de patrones cualitativos o conclusiones cualitativas, pero claramente sin esto, cualquier conjetura sobre aspectos cualitativos no es más que eso, conjetura, modus operandi que en algunas disciplinas como la arquitectura es costumbre.
Hoy día para estudiar la ciudad como urbanista es condición sinequanon hacerlo utilizando SIG y percepción remota. Sin desmedro por supuesto de los artistas tan necesarios en una sociedad, me refiero a los que se dedican a dibujar calles, plazas y edificios a plumón; pero claramente no se trata de urbanistas.
Existe un segundo denominador común en el Urbanismo: es una disciplina espacial y sistémica. Es decir siempre interesa el dónde y el cómo, la ubicación de los elementos del sistema y las relaciones entre ellos. En este caso el sistema es evidentemente un sistema espacial, el sistema urbano y que como se dijo anteriormente transciende las fronteras de su manifestación fenomenológica mas obvia que es la ciudad. Desde algunos puntos de vista puede decirse que el ámbito espacial de la ciudad como sistema hoy abarca casi la totalidad del planeta. Y desde este punto de vista el Urbanismo es entonces la ciencia del territorio por antonomasia.

Percepcion Remota y SIG. Base de datos vector sobre imagen Raster de fondo ciudad de Punta Arenas.

¿ PLANIFICACION URBANA, DISEÑO URBANO O URBANISMO?

Entre toda esta confusión vale la pena hacer una distinción disciplinar.
Primero es necesario erradicar la idea de que el Urbanismo se relaciona con proyectar la ciudad o con algún tipo especifico de proyecto. Aquí hay que deslindar los ámbitos de actuación de ciertas profesiones y especialidades, mismas que en algunos casos cuentan con soporte del Urbanismo como ciencia, pero que en la práctica son ejercicios profesionales distintos por naturaleza del quehacer científico. Los más comúnmente confundidos con el Urbanismo son la Planificación Urbana o territorial y el Diseño Urbano.
Un urbanista estudia la ciudad, como un científico, no intenta proyectarla. Un urbanista se interioriza de los procesos que subyacen al desarrollo urbano e intenta explicarlos sobre la base de un metodología explicita y una aproximación evidentemente discreta y cuantitativa. Un urbanista intenta aportar nuevo conocimiento sobre el fenómeno urbano, conocimiento inexistente, lo que lo valida en su actuar científico. Un urbanista puede también ser un planificador urbano o territorial o un diseñador urbano y desempeñarse en el campo propio de ciertas profesiones ligadas al desarrollo urbano, pero será urbanista solo si su leit motiv esta en la investigación del fenómeno urbano a través del método científico y ligado a esto la producción de nuevo conocimiento. Así hay excelentes planificadores o diseñadores urbanos que no son urbanistas, pues no investigan el fenómeno urbano, trabajan en él, lo intervienen, lo modifican y por tanto su actuar no esta relacionado con la generación de conocimiento sobre el fenómeno urbano, sino sobre un encargo especifico que obedece a intereses particulares y específicos. No son científicos, son profesionales del desarrollo urbano.
Es posible pasar de la Planificación y Diseño Urbano al Urbanismo sólo si de los primeros, como aplicaciones propias de la profesión, resulta posible universalizar aquello como experiencia y constituir un nuevo conocimiento respecto del fenómeno urbano, sobre la base del método científico. Así un Plan Regulador no es ciencia, es un producto específico de una disciplina denominada Planificación Urbana y que entendido como encargo tiene una aplicación muy especifica en una determinada realidad urbana a la que se supone da respuesta. Sin embargo puede estar construido sobre la base de conocimiento urbanístico propiamente tal, como bien puede no estarlo.
De manera similar un parque, ejemplo paradigmático del diseño urbano, normalmente se sustenta en la Planificación Urbana para llegar a la definición arquitectónica de sus componentes, como diseño, no como planificación menos como Urbanismo. Por eso el Diseño Urbano disciplinarmente esta en la interfase entre la Planificación Urbana, disciplina cuyo objetivo es el control de los procesos de desarrollo urbano y la Arquitectura, apegada a la respuesta fenomenológica – formal - al habitar humano en términos de diseño.
En un sistema complejo una propiedad principal es la “emergente” vale decir el todo es más que la sumatoria de las partes, o sea el comportamiento del todo no se relaciona con las propiedades de los elementos que lo componen. El fenómeno urbano como tal trasciende en mucho la manifestación fenomenológica de sus elementos discretos individuales, aún cuando parezca que las arquitecturas en su conjunto configuran el fenómeno urbano no es así. O al menos no mas que los demas elementos que configuran el sistema urbano. La ciudad deviene como sistema de manera autopoiética, no respondiendo a la dinámica especifica de sus componentes sino configurando una organización a partir de estas relaciones que como sistema posee su propio fin, lo que explica también su equifinalidad, pues todo sistema urbano independiente de las condiciones iniciales de su aparición y de la naturaleza de sus componentes llega al mismo fin, ser ciudad.
Si existe alguna relación entre arquitectura y la planificación urbana aunque bastante lejana.
Más bien hay una tensión inversa entre ambas, pues es básicamente el interés privado versus interés colectivo, como leit motiv disciplinar. La arquitectura siempre querrá para sí misma todo lo mejor de un emplazamiento, para satisfacer las demandas de un encargo, por el contrario la planificación urbana buscará siempre maximizar, democratizar, los valores de un lugar manteniéndolos accesibles a todos. El ejemplo de los lugares con buena vista es un clásico. La planificación urbana velará por restringir las alturas de las edificaciones y normar el emplazamiento de los edificios intentando mantener el acceso público a la vista en su máximo posible e idealmente desde el espacio público, el espacio de todos. Las arquitecturas individuales intentarán apropiarse de esa vista lo más que puedan en su propio beneficio, el de sus propietarios. Es decir opera el principio de la tragedia de los recursos comunes[1], nadie se limita por iniciativa propia pensando en el bienestar de los demás, todos operan sobre la lógica del máximo provecho individual, independiente de que la sumatoria de todos esos intereses individuales sea siempre menor que el optimo colectivo.


[1] Garret Gardin, “The Tragedy of Commons". Science, v. 162, 1968, pp. 1243-1248.

viernes, 29 de agosto de 2008

VALORACION: VALOR ECONOMICO V/S VALOR ECOLOGICO

La valoración económica del territorio es un proceso social subyacente que ocurre espontánea e implícitamente al desarrollo de la base económica de cualquier sociedad en el espacio. A diferencia, la valoración económica de espacios naturales protegidos viene de la necesidad de relevar la importancia de aquellos en un contexto en que hoy priman los intereses económicos; el discurso es: en la medida que no se les de valor económico a estas áreas, estarán en desventaja respecto del resto de las actividades en el territorio.
El tema es que necesariamente se requiere que el cambio de paradigma pase además por el cambio de la estructura valórica: vale decir el valor económico de esas áreas será siempre menor que el valor económico del resto del territorio y cualquiera de las otras actividades por cuanto la necesidad de conservar-preservar implica un ahorro hacia el futuro, ahorro que hoy día significa que las actividades sobre esos espacios se privan de ciertos beneficios, independiente de la rentabilidad de largo plazo de ese ahorro. Este cambio de paradigma ético dice relación con que es el valor ecológico el que debe relevarse por sobre el valor económico, cuanto más o menos pesan determinados espacios en la conservación, preservación del medio natural, ecosistemas, redes ecológicas. Es ese valor ecológico el que nos debe hacer reflexionar sobre la necesidad imperiosa de preservarlos hacia el futuro y no la valoración de eventuales actividades económicas “sostenibles” que hoy día pudieren profitar de ellos. Sin este relevamiento del valor ecológico por sobre el valor económico estaremos siempre supeditando estas áreas al acecho de la sociedad sobre ellas áreas en su necesidad de desarrollarse y de seguir explotando el territorio sin límites. Por eso la valoración ecológica del territorio dice relación directa con los límites – espaciales – del crecimiento. Por eso que valorar económicamente las áreas de relevancia ecológica puede llegar a ser un tremendo error.
La valoración ecológica del territorio es una priorización espacial. En un contexto donde el hombre - técnico que por sobre su condición natural dada esta siempre viviendo en la posibilidad de ser algo diferente según dice ortega – esta constantemente ejerciendo modificaciones sobre el territorio y por otro lado un medio natural en equilibrio dinámico donde ambos deben coexistir, la valoración ecológica actúa como una gradiante de intervención antrópica sobre el territorio, como es ecológica será inversa a la valoración económica que funciona sobre la priorizacion de las actividades humanas sobre el territorio, de los intereses de las sociedades sobre el espacio en términos de ser capaces de solventar el desarrollo, mayor será el valor económico de aquellas áreas que mayores beneficios produzcan a diferencia del valor ecológico que estará en relación con el peso especifico de esos espacios en la mantención de los equilibrios ecosistémicos, sobre los espacios donde se articulan los hubs ecológicos, tendrán entonces una relación inversa.
¿Como valorar, que vale mas ecológicamente hablando?
Aparece el tema funcional, ¿Cual es la importancia ecológica de un glaciar, porque conservar un glaciar? ¿Que relevancia tienen las formaciones geológicas en la mantención de los niveles de homeostasis de los ecosistemas? ¿Cuánto pesa el aporte de nutrientes minerales en estos procesos? O si establecida su importancia como establecer entonces la gradiante de protección respecto de las actividades humanas? ¿Prohibir todo por que la función ecológica es el aporte de nutrientes?
Por que se valora para priorizar, ese es el par, ese es el sentido. La valoración lleva directamente a la determinación de los niveles máximos y mínimos de intervención antrópica en esa gradiante inversa a la económica.
Como establecer, en función del espacio, la estructura de prioridades funcionales que cada uno de ellos aporta en la mantención de los equilibrios ecosistemicos. Eso es valor ecológico.
Esto plantea una paradoja por cuanto la valoración, como acto intrínsecamente subjetivo, dependerá de la escala de valores sociales que la construya. En el caso de la valoración económica del territorio por su característica de ser subyacente al sistema social, existe un calce perfecto entre ambas, la valoración económica ira siempre de la mano de la estructura de valores de la sociedad. Por el contrario la valoración ecológica intenta determinar la gradiante espacial de relevancia para la manutención de las características ecosistemicas del territorio en una aproximación a su funcionalidad, pero como ejercicio de subjetividad endógena siempre estará de alguna manera supeditado a la escala de valores sociales. Esto explica en parte por ejemplo la visión biocéntrica de la conservación que ha primado durante estas últimas décadas. Porque es una valoración de tipo ecológico, la protección de determinadas especies. Pero normalmente esta protección viene de una estructura de valores sociales: porque están en extinción, o porque son singulares, endémicas, hermosas. La función ecológica de esas especies no juega un rol en la definición de su importancia para la conservación biocéntrica, nadie dice ahí cuanto dependen esos ecosistemas de esas especies para su mantención en el largo plazo. Entonces resulta que esa no es una valoración ecológica propiamente tal, sino mas bien es una valoración moral que hace la sociedad respecto de la naturaleza. En el caso especifico de las especies en peligro de extinción una suerte de mea culpa, misma que jamás ha considerado por ejemplo si la extinción de esas especies es una evolución natural. Sin intentar desmerecer su importancia, la protección de especies en vías de extinción no se plantea frente a la pregunta de cuan funcionales han sido esas especies en esos ecosistemas, o si desde el punto de vista ecológico es la competencia, selección natural, o cambio climático de largo alcance[1] el que las ha mermado. La idea de equilibrio dinámico nos confunde. La necesidad de que los ecosistemas evolucionen y cambien adoptando diferentes cadenas tróficas y características se contrapone con nuestra visión estática de crecimiento lineal propia de nuestras sociedades.
En principio seria necesario aproximarse a la valoración ecológica dialécticamente, como par junto con la valoración económica, como gradiantes opuestas. Mirado de esta forma aparece la relación entre valor ecológico y apropiación ecosistémica antrópica del territorio - de los ecosistemas, de los espacios naturales – donde hay una relación entre el valor ecológico que se dará a una determinada área en función de la mayor o menor susceptibilidad, posibilidad o formato de intervención antrópica de ese espacio. Esta relación viene dada por una parte de la subjetividad propia del acto valorativo sobre el espacio, que finalmente viene de una voluntad subjetiva que emana de una determinada estructura de valores de una sociedad y por otro lado porque la valoración ecológica en si misma aparece todavía débil por un bajo grado de conocimiento de la ecología de las áreas naturales, y entonces de las funciones ecológicas de determinados espacios, parches, lugares o formaciones, respecto de su aporte en la mantención de la resiliencia ecosistémica. Por ejemplo en el caso de los glaciares, si se quisiera establecer su valor ecológico en función del hábitat, entendiéndolo como la posibilidad de refugio y alimento para determinadas especies, claramente desde ese punto de vista un glaciar no ofrece ninguna posibilidad por ende su valoración ecológica será mínima; sin embargo no se puede desconocer que la valoración ecológica trasciende el concepto de hábitat, no se trata sólo de la protección de hábitats sino de la importancia que los diferentes elementos juegan en la mantención de las características ecosistémicas en el largo plazo, donde respecto de los glaciares hay otras funciones, características y procesos que no están suficientemente estudiados, conocidos o evaluados muchos desconocidos y por ende es muy difícil evaluar su importancia ecológica integral, como por ejemplo el aporte de nutrientes minerales a los cuerpos de agua, el rol en el balance de agua dulce agua salada, el aporte de oxigeno, el balance térmico en la mantención de ciertos rangos de temperatura por nombrar algunos y los efectos ecológicos de cada unos de estos procesos induce o propicia.
Entonces dado que por lo menos todavía ese tipo de aproximaciones ecológicas resultan conceptual, metodológica e instrumentalmente difíciles de incluir, imposible de evaluar, aparece este cruce con la gradiante antrópica de apropiación. En el caso del glaciar la gradiante de apropiación – y por ende el valor ecológico dado que funcionan como par inverso a mayor grado de apropiación menor valor ecológico - llegaría hasta aquella gama de intervenciones que no alteren los procesos antes descritos y que eventualmente podrían ser soportes de la resiliencia. En el caso del glaciar una extracción de agua sobre ciertos volúmenes que podríamos calificar de industriales en función de la masa total del glaciar, serian contraproducentes, en oposición a una extracción Premium como la que hoy día se hace de pequeños volúmenes para la elaboración de aguas de excelencia, todo esto con los necesarios resguardos. U otro tipo de actividades, aquellas que no afecten estas funciones u otras que se pudieren intuir, estableciendo el abanico de familias de intervenciones antrópicas. Esta es una manera indirecta de llegar al valor ecológico por oposición, como gradiante opuesta e indexado a la estructura valórica de la sociedad y esto por cuanto siempre la valoración es un acto humano subjetivo.
[1] Se refiere al que experimenta la tierra en sus ciclos, no al inducido por el hombre.

viernes, 18 de julio de 2008

PATAGONIA, EL DESAFIO DE LA SOSTENIBILIDAD

La ubicación geográfica de Punta Arenas en el mundo invita una profunda reflexión. Porque si existe una lección que este pequeño y apartado lugar pudiese dar al mundo es respecto de la nueva relación que debe construir el hombre con la naturaleza: la relación del siglo XXI. En un mundo donde el cambio climático y el agotamiento de los recursos energéticos fósiles ya no son una película de terror sino una aterradora realidad. En un planeta donde hasta los lugares más apartados están ocupados, apropiados y/o influenciados por la esfera de actividades del hombre. Que difícil es encontrar un lugar donde la naturaleza se exprese sin las manchas antrópicas, sin alguna evidencia de ese ecosistema urbano que se extiende por los territorios como metástasis, expandiendo sus cancerígenas células hasta los rincones mas apartados. Porque incluso lo que a nuestros ojos parece natural, los idílicos paisajes agrarios del sur de Chile por ejemplo, incluso ellos no son naturales, sino ecosistemas antropicamente dominados, donde prevalecen la homogeneidad genética y la apropiación de la producción de biomasa que ingresa como insumo al ecosistema urbano, al sistema de acumulación y se transforma en bienes y servicios, en riqueza y bienestar, en edificios y ciudades. Aquellos verdes paisajes hace tiempo que dejaron de ser realmente naturales. Nos engañan nuestros ojos cuando vemos aquel verdor y pensamos en la naturaleza, porque ecosistémicamente aquello es antrópico, es el hinterland de la ciudad. Aquí radica la relevancia mundial de los últimos bastiones vírgenes del plantea, aquellos lugares verdaderamente prístinos como la Patagonia, quizás uno de los más emblemáticos.
Somos un ecosistema de frontera, donde se encuentran, donde limitan, donde friccionan, la esfera de acciones del hombre el ecosistema urbano y el medio natural, virgen y prístino, con su metabolismo propio y niveles de homeostasis prácticamente sin intervención del hombre. Y como es uno de los últimos lugares del mundo donde esta especial condición de frontera existe, es entonces un lugar llamado a plantear nuevos lineamientos para la imperiosa redefinición de la compleja relación entre el hombre y la naturaleza.
Conceptualmente hablando para la Patagonia el gran desafío del futuro no esta en mitigar los daños ambientales. Escasamente se relaciona con buenas prácticas, amables con el ambiente, sustentables como todavía se dice. Por nuestra especial condición tenemos la oportunidad y la responsabilidad de ser los protagonistas de las bases de una nueva relación con la naturaleza. Un nuevo compromiso de equilibrio dinámico donde se respeten los mínimos y máximos que permitan una relación mas permanente en el tiempo, que internalice costos y se preocupe de las diferentes equidades necesarias, sumando a la equidad intergeneracional y social del discurso de la sostenibilidad, la equidad ínter-especifica, vale decir el derecho que también tienen las otras especies a cohabitar con nosotros en un ambiente de sano equilibrio.
Varias son las tareas pendientes para enfrentar esa redefinición irrenunciable de las relaciones hombre-naturaleza. Particularmente ausente esta la discusión legislativa de fondo, donde el gran ausente son los actores locales. Nuestro país, enfrascado en una definición institucional de los años 60 del siglo pasado, aun no despierta del sueño del centralismo, es ciego e insensible a la necesidad imperiosa de entregar a las instituciones de alcance local, la sociedad civil directamente involucrada, a los vecinos finalmente, el rol y la responsabilidad de guiar su propio desarrollo, en nuestra comuna, en nuestra ciudad, en la esquina de nuestro barrio. Otro Ministerio en Morandé con Alameda, por muy bien intencionado que este, no resolverá nuestros australes problemas.
Nuestra región esta llamada no sólo a plantearse frente a su propio futuro, sino también como un actor importante en el futuro del planeta. Somos quienes tenemos la naturaleza al alcance de la mano, sus vecinos más cercanos, quienes realmente compartimos el deslinde. Por eso es nuestro deber convertirnos en una interfase antrópico-natural, un paradigma de equilibrio dinámico que esboce la nueva relación del hombre con su entorno. Porque si esa nueva relación no aparece en este siglo, entonces no quedará mas planeta que consumir.

jueves, 17 de julio de 2008

Ciudad y Democracia

La palabra griega Democracia, significa el gobierno del pueblo y tiene su origen en la civilización helena, unos 500 años antes de la era cristiana. En aquel entonces la civilización griega, esa que en forma errónea creemos unitaria, se estructuraba en torno a Ciudades – Estado. La civilización griega como tal, no existe. Lo que conocemos de ella es la sumatoria de elementos comunes, culturales, étnicos, idiomáticos, comerciales, y bélicos, de una serie de pueblos diseminados por un territorio tremendamente fragmentado: la península de los Balcanes y el Mediterráneo. Así es, los griegos, a diferencia de los romanos que se estructuraban en torno a un poder central, se regían a si mismos de manera atomizada, donde cada Ciudad – Estado constituía un país autónomo, y que incluso en determinadas circunstancias, podía llegar a hacer la guerra con otra Ciudad Estado, para la consecución de algún objetivo. En la practica, cada Ciudad – Estado determinaba su propio destino, muchas veces sin considerar el de las demás. Conocidos son los eternos conflictos entre Atenas y Esparta.

La Democracia como forma de administración político territorial que hemos heredado estaba concebida para y desde la ciudad. La pregunta que podríamos hacernos es si ¿Puede entonces entenderse la Democracia fuera de este contexto, puede esta concepción de representatividad ciudadana extenderse a realidades territoriales mayores?

Para los griegos la ciudad era el centro del mundo y la cultura, la manifestación física del ideario social, religioso y cultural. Su gobierno y su tamaño, no podían dejarse al libre arbitrio. Para los griegos la política básica de cada Ciudad – Estado se manifestaba en el tamaño: cuando se sobrepasaban los 5.000 habitantes, había que fundar otra Ciudad – Estado. Y no en cualquier lugar, sino a una determinada distancia, con el suficiente territorio que le permitiera sustentarse en el tiempo de manera autónoma.

Aristóteles concebía el Estado como una asociación de hombres libres que reconocen un mismo gobierno y que pueden reunirse en asambleas, estimando no ser viable aquel que tuviera más de 10 mil ciudadanos. En lengua griega la palabra polis significaba, a la vez, Ciudad y Estado.

Esta inteligencia espacial – funcional de los griegos permitió que su sistema político, la Democracia, diera los frutos culturales que todos conocemos: en ciudades de 5.000 habitantes, la representatividad de un ciudadano para tomar las decisiones de los otros y con los otros en pro del bien común no era una utopía, era una realidad.

Al extrapolar el sistema democrático, esto es representativo, a tamaños ampliamente superiores a los cuales fue concebido, se producen las iniquidades y deformaciones que hemos visto a través de la historia. Es cierto que hoy la calidad y potencia de las comunicaciones nos permiten optar a universos de representación bastante mayores que 5.000 almas, pero también es cierto que el riesgo que implica es alejar el gobierno de los ciudadanos o en el peor de los casos simplemente caer en la demagogia. Hoy mucho de lo que pretende ser Democracia representativa, y solamente por una cosa de “tamaño” del universo de representación, no es más que demagogia. No es que los políticos estén faltos de verdad, es que el sistema democrático pareciera ser poco funcional para “tamaños” demasiado grandes. La distancia entre el representado y el representante se torna inconmensurable, a pesar de las oficinas de atención de público, o de las tortas que se regalan los fines de semana. El político aparece distante y ajeno, preocupado de otras cosas. Y me refiero específicamente a los niveles “nacionales” de representación, situación que por oposición explica el alto grado de validación que hoy tienen por ejemplo las autoridades locales, porque esas si que están preocupadas de los verdaderos problemas de sus electores, aunque y ese el es tema de fondo de la representatividad, los gobiernos locales en la practica no existen, aplastados por la superestructura de instituciones nacionales y sus replicas regionales.
Una democracia verdaderamente representativa, no puede desprenderse de su realidad espacial. Una realidad geográfica y un colectivo social que le den sentido, donde además su tamaño le permita ser fiel y comprometerse con aquello que pretende representar, además de conocer y “saber” de lo que esta hablando. Esta idea hace pensar que, desde el punto de vista político administrativo, la descentralización no es una quimera, es una necesidad urgente para poder sostener un sistema que hace rato hace aguas. Pero no cualquier descentralización sino una que devuelva la Gobernabilidad a las ciudades, con competencias y autonomías plenas. Volver a la democracia representativa, pero esta vez con poder de decisión, con las facultades reales para poder tomar las riendas del desarrollo local, como lo hacían los griegos con sus ciudades estado. No estar esperando por las decisiones miopes y poco sensibles desde el nivel central. Sino gobernarnos a nosotros mismos desde la ciudad y sobre las enormes riquezas de nuestro territorio. La descentralización, la vuelta del poder a las ciudades, la vuelta a la verdadera democracia.

El medio ambiente mediático

El medio ambiente como tópico de interés ha irrumpido en el tapete mediático de la panóptica civilización occidental fuertemente durante las últimas décadas convirtiéndose en un importante protagonista de los noticiarios. Nos hemos acostumbrado a ver al medio ambiente como algo que se está atacando hoy día, y que es necesario revertir y/o evitar de manera urgente y reactiva, saliendo a las calles, o poniéndose delante de los bulldozers que arrasan con los bosques. Normalmente esto ocurre después de que algún noticiero ha puesto el tema sobre la mesa, y por que no decirlo, esto ocurre cuando las demás noticias no dan para mucho. El medio ambiente mediático es quizás uno de los mayores peligros para el medio ambiente real.

Digo esto porque nos hemos acostumbrado a relacionarnos con el medio ambiente de una manera reactiva, bajo la lógica del modelo presión-estado-respuesta (PER). Así, ninguna aparición del medio ambiente, natural o no, en la palestra de la opinión pública lo hace sino bajo el alero de una escandalización de proyectos y/o efectos que ya se encuentran plasmados y materializados en un pobre medio ambiente que entonces urge limpiar y mitigar.

Al menos en Chile las instituciones preocupadas de los “problemas ambientales[1]” trabajan casi como una oficina de emergencias, con fonos denuncia y vehículos para acudir a las “emergencias ambientales” donde entonces todo el mundo solidariza con este denostado medio ambiente.

Pero esta forma de entender los problemas ambientales encierra el peor de los peligros ya que nos ha impedido poner la atención en la columna vertebral de estos problemas, nos ha cegado a una mirada agregada sobre nuestras sociedades y la macro-relación que establecen con el entorno. Difícilmente podremos entender todas estas supuestas catástrofes ambientales o problemas del medio ambiente sino es bajo la óptica del largo plazo y necesariamente de la planificación.

Desde este punto de vista no existe mejor plan de mitigación que una acertada y sensible anticipación sobre el medio ambiente, que sea capaz de orientar el modelo de desarrollo disminuyendo su perversidad intrínseca, más que la preocupación a veces enfermiza y jibarizada en mediciones parciales de componentes ambientales condenados por patrones de desarrollo ya instalados y que difícilmente desde esa óptica tan reducida del modelo PER encuentren alguna solución.

“Pues no cabe ignorar que mientras nuestros pensadores y científicos se entregan a líneas de investigación alocadas y masturbaciones mentales varias, ¡nuestra biosfera está seriamente dañada, y nuestra propia especie corre peligro de extinción a corto plazo[2]"

Es tremendamente ilustrativo de esta situación lo ocurrido con la Empresa de Celulosa CELCO en Chile el último año. Me ha resultado muy curioso asistir a calurosos debates de expertos respecto de profundos estudios sobre los RILES (residuos industriales líquidos) vertidos al humedal y si estos tienen o no relación con la contaminación del ecosistema y muerte posterior de los cisnes, estudios largos, acuciosos y caros para algo completamente obvio desde el punto de vista territorial: un ecosistema confinado como un humedal no resiste una empresa de celulosa… pero para entender esto hay que tener una mirada espacial y agregada sobre el modelo de localización de actividades y su relación con las sensibilidades ambientales… pero los “entendidos” se pierden en discusiones bizantinas midiendo los SOx y NOx, y lo demás. Mientras otras empresas siguen pidiendo silenciosamente sus permisos.

El desconocimiento de los efectos directos - esos que serian un buen candidato para las noticias - sobre el medio ambiente natural no es un impedimento para tener una mirada agregada sobre el territorio, que cobra sentido cuando se miran los procesos en el largo plazo y que permite acompasar la avasallante utilización que hacemos del medio ambiente con las propiedades ecológicas propias de un entorno que ha tomado miles de años en adoptar la forma y características que hoy vemos. El supuesto es que justamente, mirando sobre los patrones de las actividades en el espacio, y comparándolas con las características propias de un medio natural singular, estaremos mirando la batería de problemas ambientales del futuro, y tendremos entonces una mejor oportunidad de corregir las malas decisiones que estamos tomando hoy día.

También se hace indispensable recuperar una mirada mas centrada en el espacio, como objeto de esa planificación de largo plazo que es necesario reformular. En el sentido de que los estudios ecológicos –esos que nos han acostumbrado a la protección de la “biodiversidad” por sobre la protección de las áreas ecológicas, concepto más integral y que incluye al anterior - muchas veces se pierden en miradas sectoriales y puntuales muy interesantes desde el punto de vista especifico, pero que poco ayudan a la compresión de aquellas variables que es necesario cuidar a fin de encaminarse a una mejor gestión de los espacios naturales.

Por otra parte la gran batería de estudios metabólicos del último tiempo: contabilidad material y energética, termo economía, huella ecológica y otros, soslayan la variable espacial como si los procesos que describen ocurrieran en una dimensión abstracta.

En este sentido tanto los estudios metabólicos, como los sectoriales ecológicos, requieren una interfase, una articulación entre ambas miradas, la agregada metabólica y la ecológica sectorial, que permita hacer confluir aproximaciones tremendamente valiosas que este tipo de estudios tienen, pero que no han permitido generar mejores formas de gestionar el futuro y de relacionarnos con el territorio.

Un problema añadido es la compartimentalización académica. En las ciencias naturales, esta situación queda representada por el énfasis que tradicionalmente se ha puesto en el número de especies, en vez del análisis de los ecosistemas, que es más adecuado para dar cuenta de la interrelación en la naturaleza. Una de las consecuencias importantes de tal orientación tiene su expresión en la gestión medioambiental de las áreas «naturales» como si se tratara de islas y, también, en el interés por la gestión de las áreas silvestres más que de las zonas de residencia humana. Este enfoque está presidido por la idea del medioambiente como una esfera separable de la actividad humana (Pardo M.).

"Pero Naturaleza y Sociedad se mueven en espacios-tiempos con ritmos diferentes, con procesos de autocorrelaciones espacio-temporales. Ambas participan en la organización, en el funcionamiento y en la estructuración de los territorios. Todas estas tensiones pueden ocasionar disfuncionamientos que van hasta la sistemólisis territorial. El funcionamiento de un territorio es el resultado de un campo de tensiones, de la interacción cruzada de un conjunto de tensiones naturales, físicas, sociales, económicas, históricas. Todas esas tensiones están sobre el mismo plan conceptual, en el interior del sistema. Ninguna de ellas predomina a priori, pero ninguna debe ser desdeñable tampoco. Cada una representa una parte de la explicación de un territorio, un porcentaje de varianza que va de 0% + épsilon à 100% - épsilon." (Marchand, 1985)

De esta manera las tensiones físicas, naturales, por una parte y las tensiones socioeconómicas por otra tienen procesos propios y diferentes, y evolucionan con distintas velocidades variables.

Pero separarlas, por el hecho de que sus procesos son de naturalezas diferentes, significa olvidar que éstas tienen al menos dos rasgos comunes, que son el tiempo y el espacio.
[1] Como ellos mismos los denominan y que refuerza el concepto que se transmite.
[2] Riechmann Jorge. Gente que no quiere viajar a Marte, p. 46.